En un mundo contemporáneo que nos reta a imitar lo bueno, quizá podríamos tomar algo del ejemplo del Padre Pío, un santo considerado por muchos como el más popular de la historia cristiana. Su nombre real era Francesco Forgione; nació en 1887 en el pequeño pueblo de Pietrelcina, Italia, y murió en 1968. Fue canonizado en 2002 en tiempo récord por la Iglesia Católica.
El Padre Pío era conocido por sus “encuentros demoníacos”, algo que podría tener un curioso paralelismo con ciertos dirigentes políticos colombianos. Ellos, al igual que el santo, parecen estar librando sus propias batallas, aunque no precisamente contra el mal, sino contra sus propios egos y ambiciones desbordadas.
En Colombia, líderes como los expresidentes Gaviria, Pastrana y Santos nos recuerdan a figuras que se resisten a dejar el escenario. Gaviria parece haber tomado la dirección de su partido como si fuera vitalicio; Pastrana, cual ave Fénix, reaparece desde su exilio para opinar sobre todo lo divino y lo humano. Por su parte, Santos, pese a su rol de Nobel de Paz, parece sufrir de amnesia histórica cuando critica iniciativas como una Asamblea Constituyente, olvidando que nuestra Constitución ha sufrido múltiples reformas desde 1910 hasta la fecha.
Estos personajes, como si hubieran recibido un mensaje divino al oído, se erigen en profetas del caos, prediciendo el fin de nuestra democracia si no logran retomar el poder. Esos estigmas de la pasión por el “Fuera Petro” se transforman en mensajes apocalípticos, que intentan convencer a los colombianos de que la salvación solo vendrá de sus manos.
Mientras el Padre Pío guardaba sus revelaciones con cautela, nuestros líderes no tienen reparo en hacer públicas sus propias «profecías». Con tono intimidante y tintes de angelología política, lanzan mensajes diseñados más para asustar que para construir. Estas son sus “12 profecías”:
- Si Petro sigue gobernando, Colombia se dirige hacia la ruina.
- Si seguimos como vamos… vendrán cosas terribles.
- Cuando nosotros gobernábamos, Colombia era un jardín.
- Prepárense para vivir el actual mandato en total oscuridad.
- Mucha gente huirá despavorida, correrán hacia la libertad, pero caerán en un horno.
- Si ganamos las elecciones, la tierra no temblará y no habrá pánico.
- Con Petro ya somos como hormigas, nos estamos quitando los ojos por una migaja de pan.
- Si no tomamos nuevamente el poder, Colombia desaparecerá.
- Estamos desesperados… ya no sabemos qué hacer para que Colombia se arrepienta de haber votado por la izquierda.
- Si elegimos un alfil de Petro, la terrible ira de la derecha se desatará como un endiablado relámpago.
- También, un meteoro político caerá sobre Colombia y todo temblará.
- Los nuestros tienen una experiencia no trágica, debemos repetir.
En medio de estas advertencias, el paralelismo entre las profecías del Padre Pío y las de nuestros líderes políticos radica en un detalle crucial: mientras el Santo buscaba preservar el bien común y la fe, muchos de nuestros dirigentes parecen más interesados en perpetuar el miedo y la incertidumbre.
Amanecerá y veremos si estas “profecías” logran movilizar a un electorado cada vez más escéptico. Al final, la política, al igual que la fe, necesita menos de augurios apocalípticos y más de acciones concretas para construir un mejor país.



