Las familias cartageneras que hoy se enfrentan al embargo de sus bienes, víctimas de un sistema catastral deficiente e injusto, claman por una revisión y corrección de los avalúos que aumentaron de manera arbitraria el impuesto predial.
La Navidad está a la vuelta de la esquina, pero para miles de familias cartageneras, la festividad se vislumbra con tristeza y angustia. La razón: el embargo de sus bienes, consecuencia directa de unos reavalúos catastrales realizados sin justificación ni estudios reales que desbordaron el valor del impuesto predial. Lo que en teoría debería ser una herramienta para la justicia tributaria, en la práctica se ha convertido en una pesadilla para los hogares de los sectores más vulnerables de la ciudad.
El proceso de reavalúo catastral, impulsado por la administración anterior, a través del programa Go Catastral, llevó a un incremento desmesurado en los impuestos prediales para muchos cartageneros, lo que generó una ola de embargos sobre propiedades de personas que, en muchos casos, no tienen la capacidad económica para hacer frente a estos nuevos valores. Este desajuste administrativo ha dejado a numerosas familias no solo con un peso fiscal impagable, sino también con el trauma de ver embargados sus hogares, el patrimonio con el que han trabajado toda su vida.
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Aunque el proceso comenzó durante la administración del exalcalde William Dau, fue bajo su mandato que se desató una guerra jurídica que, por momentos, parecía ser la única defensa ante un sistema que parecía destinado a ahogar a los más desfavorecidos. Sin embargo, la presión y el rechazo generalizado por parte de la ciudadanía y varios sectores de la sociedad lograron que los embargos se detuvieran temporalmente.
Hoy, con la llegada de una nueva administración, solo un pequeño número de ciudadanos ha tenido el valor civil de seguir luchando por la justicia para los afectados. Muchos se han visto obligados a soportar la carga de un sistema que ha fallado en su cometido de actualizar y revisar adecuadamente los avalúos catastrales, generando una mayor presión sobre los hogares que ya sufren dificultades económicas. Es una batalla que, para algunos, se libra en silencio y en soledad, pero cuyo impacto afecta a miles de familias cartageneras.
El tributo es, sin duda, una responsabilidad cívica y un mecanismo esencial para el funcionamiento de las instituciones públicas. Sin embargo, su aplicación debe estar sustentada en la equidad y la justicia. La administración distrital debe reconocer que el proceso de reavalúo realizado en el marco del Go Catastral no fue transparente ni justificado, y que miles de familias cartageneras hoy sufren las consecuencias de una carga tributaria excesiva y desproporcionada.
Desde diversos sectores se hace un llamado urgente a la administración distrital para que busque mecanismos de conciliación y concertación con los contribuyentes afectados, para revisar y corregir los avalúos catastrales. La solución no pasa por una simple imposición de pagos, sino por una evaluación justa, que tome en cuenta la situación económica de cada familia y la verdadera capacidad de pago.
Además, es imprescindible que la Secretaría de Hacienda revise las fugas históricas que afectan el recaudo tributario, tales como los avalúos irregulares de predios millonarios, la desactualización de la base catastral y el negocio de las prescripciones. Es un hecho que el sistema tiene fisuras, y que muchos de los recursos que deberían destinarse a las necesidades de la ciudad se pierden en prácticas administrativas ineficaces y, en algunos casos, corruptas.
Cartagena de Indias necesita una reforma integral en su sistema catastral y tributario. No se trata solo de aumentar la presión fiscal sobre los ciudadanos, sino de mejorar el sistema para que sea justo, transparente y eficiente. La ciudad debe contar con un sistema en el que el tributo no sea una carga insostenible para quienes menos tienen, sino una herramienta justa que permita un desarrollo equilibrado y sostenible.
Mientras tanto, miles de familias cartageneras siguen esperando respuestas y soluciones. Este diciembre, mientras la ciudad se prepara para las festividades, muchos hogares seguirán luchando por recuperar lo que les pertenece: su patrimonio, su tranquilidad y, sobre todo, su dignidad.



