En una ciudad donde la pobreza y las necesidades apremian, el deporte sigue siendo el único escape, aunque a veces parece que más que un escape, el fútbol es un circo que mantiene anestesiada a la población. Y en medio de esta tensa calma, el equipo Real Cartagena, como el fiel reflejo de la esperanza que nunca llega, se enfrenta a su drama deportivo más reciente: el repechaje, o lo que podría ser el fin de sus sueños de ascender a la Primera A.
Hace poco más de doce días, el alcalde Dumek Turbay, quien parece estar atrapado en una montaña rusa emocional que va de la frustración a la esperanza, sorprendió a la ciudad con una declaración tan inesperada como dolorosa: analizaba la posibilidad de que dos equipos de la Primera A ocuparan el estadio Jaime Morón en 2025. Así, entre la ironía y el sarcasmo, Turbay reveló la verdad oculta que hasta ese momento había mantenido en secreto: “La B no es categoría digna para un equipo de fútbol de mi reino”, dijo mientras aún le dolía la goleada humillante de 5 a 1 ante Llaneros.
De hecho, esta derrota fue tan devastadora que el alcalde decidió que no se verían más pantallas gigantes en los parques de la ciudad. ¿Por qué? No porque entendiera que es un derroche de dinero público en una ciudad que lucha por sobrevivir, sino por cábala deportiva. ¡Claro, nada como gastar recursos en algo tan «necesario» como ver un partido perdido!
Pero el drama no terminó ahí. En el colmo de la tragedia futbolística, la ciudad, sumida en la pobreza extrema con el 41.1% de su población en condiciones de miseria, se encontró atrapada en un ciclo de debates intensos sobre si el Real Cartagena tendrá la oportunidad de pelear en el repechaje. Mientras tanto, los ciudadanos que luchan por comer al menos una vez al día siguen siendo testigos de este espectáculo deportivo, tan emocionante como efímero.
¿Y qué de la afición? Algunos ya sueñan despiertos con un posible ascenso, como si la salvación de la ciudad estuviera atada a los goles de un equipo que apenas sostiene la esperanza de no volver a caer. Los críticos como el exalcalde William Dau Chamat, se burlan del circo y la promesa de pan, señalando que se les da más circo que pan, mientras la crisis social sigue sin soluciones.
En las redes sociales, la ciudad estalla en opiniones sobre el repechaje, como si el destino del equipo fuera más importante que el destino de su gente. ¿Ascenderá el Real Cartagena? ¿O será otro capítulo más en la saga de decepciones de una ciudad que, en lugar de luchar por su bienestar, se ahoga en la ilusión de una pelota que nunca llega al arco? Sólo el tiempo lo dirá.
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Mientras tanto, Dumek Turbay, con un brillo renovado en sus ojos, podría terminar entregando las llaves del Jaime Morón a cualquier otro equipo que se anime a jugar allí. Al fin y al cabo, en Cartagena todo es posible… aunque no siempre lo que más se necesita.
*Con información de: Check-in Caribe



