-
Por: Álvaro Morales De León
El verdadero responsable por la prestación del servicio de suministro de agua potable y saneamiento básico en Cartagena no es Aguas de Cartagena, sino la Alcaldía de la ciudad. Los alcaldes que han gobernado después de la creación de la empresa mixta, fruto de un acuerdo entre la Alcaldía y Aguas de Barcelona, deben asumir esa responsabilidad.
La alianza entre la Alcaldía de Cartagena y Aguas de Barcelona originó Acuacar, a través de un acto administrativo y notarial firmado el 26 de noviembre de 1994. Esto ocurrió hace exactamente 30 años, y seis meses después, el 25 de junio de 1995, comenzó a suministrar agua potable a través de las envejecidas tuberías del antiguo sistema de acueducto, además de gestionar el drenaje de aguas negras de la ciudad.
El artículo 365 de nuestra Constitución establece que los servicios públicos son inherentes a la finalidad social del Estado y que el agua potable es uno de estos servicios esenciales. La delegación de esta responsabilidad a una empresa privada no exonera al Estado ni al gobierno local de garantizar la calidad del servicio. Aun cuando Aguas de Cartagena o (Acuacar) preste un servicio deficiente, el verdadero responsable sigue siendo la Alcaldía de Cartagena, representada en este momento por el alcalde Dumek Turbay.
Desde la creación de Acuacar, la empresa se comprometió a realizar el reemplazo de la obsoleta tubería del antiguo sistema de acueducto de las ya extintas Empresas Públicas. Sin embargo, tras tres décadas, este reemplazo ha sido forzado, precipitado por las constantes rupturas de las vetustas tuberías. La lentitud de este proceso es una evidencia de la falta de previsión y de un verdadero compromiso con el bienestar de los cartageneros.
El problema es claro y urgente, pero el alcalde Turbay parece estar más centrado en otros asuntos, como el fútbol, que en una de las necesidades más básicas de la ciudadanía: el acceso al agua potable. Es imperativo que el alcalde asuma de forma directa y visible su responsabilidad en esta crisis, en lugar de seguir eludiéndola. La solución no debe esperar otros 30 años.



