Lo que parecía ser la llegada de un santo salvador para Cartagena de Indias se está desinflando con la elegancia de un globo pinchado por un cactus caribeño. Esa euforia del «Plan Titán» y el famoso «desalojo relámpago» de las trabajadoras sexuales de la Plaza de Los Coches, junto con la prometida pavimentación ‘milagrosa’ en tres días, ya no basta para tapar los huecos… no solo en las calles, sino también en la gestión. Literalmente, las calles se están desmoronando más rápido que las promesas de campaña.
Hace un año, el “emperadorcito” era la estrella del momento, el nuevo mesías que se elevaba hacia el cielo. Hoy, a punto de cerrar su primer año, las encuestas empiezan a caerse como el asfalto nuevo que está agrietado por doquier. De ser considerado el “Mejor Alcalde de Colombia” (según él mismo), ahora su popularidad ha bajado al 68%, y ya ni los aplausos de la prensa nacional alcanzan para tapar el sol. ¡Cuidado! Que el único descenso más rápido que las encuestas es el que tienen los baches recién reparados.
Un año atrás, el “emperadorcito” parecía haber llegado para «componer la ciudad», un concepto tan vago como su gestión. La ciudad, sin embargo, no necesita «ser compuesta», sino algo mucho más concreto, como seguridad, infraestructura duradera y políticas públicas que no se desvanezcan con el primer sol. La jungla de inseguridad sigue ahí, ¡y no la tapa ni un Real Cartagena mendigando un repechaje! Además, su “decálogo” de buen comportamiento, esa receta secreta para que nadie critique su gestión, no parece funcionar fuera de Cartagena. Como si no fuera suficiente, la rebelión de las mujeres y el creciente descontento en redes sociales empiezan a quitarle la corona. ¡Vaya encanto!
La lista de «desdichas» sigue creciendo, como una telenovela en su peor capítulo: el festival del patacón que terminó siendo un fiasco, las pantallas gigantes del Real Cartagena hechas añicos con cinco goles de Llaneros y ex aliados políticos ahora convirtiéndose en ácidos críticos. ¿Y qué tal ese apodo encantador que la santandereana le colgó en redes sociales? Nada que ver con cariño, claro. El “emperadorcito”, cada vez más alejado de su gloria inicial, no parece tener un descanso de los problemas.
El estratega de imagen en redes se ha convertido en un blanco fácil de críticas. En este punto, nadie entiende nada. ¿Qué está pasando en el Palacio ?
Pero, como en todo buen guion de desastre, el diablo parece haber regresado a la ciudad. O al menos, eso es lo que algunos sugieren al ver cómo unos sobres destinados a la propagación del «decálogo» antes, durante y después de las fiestas novembrinas se confundieron y llegaron con un «excedente». ¿Error o broma cósmica? Una historia tan surrealista que Gabriel García Márquez habría aplaudido desde el más allá. Sobres que se multiplican, críticas que se diluyen, y las luces del realismo mágico brillando en su esplendor. La caída de un mito, en tiempo real. ¡Y qué espectáculo!
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¿Será que el “emperadorcito” necesita un exorcismo político antes de que termine el 2024? O peor aún, ¿será que la “maldición” de las encuestas y los escándalos le sigue acechando?



