Barranquilla celebra la inauguración del Ecoparque del Suroccidente, un proyecto que transforma un antiguo lote abandonado en un espacio de mitigación climática y conservación ambiental. La iniciativa, liderada por el religioso Cirilo Swinne, busca integrar a la comunidad, en especial a la población migrante venezolana, promoviendo la tranquilidad y el respeto por la naturaleza.
El proyecto, que comenzó hace 23 años con la donación de un terreno, ha sido posible gracias al apoyo de la Alcaldía de Barranquilla, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el gobierno de Japón y diversas entidades públicas y privadas. La primera fase del ecoparque incluye la recolección de aguas lluvias, espacios de biodiversidad y zonas de encuentro comunitario. Con una inversión inicial de $800 millones, se espera que futuras contribuciones permitan expandir el parque con huertas y senderos.
Durante la inauguración, el alcalde Alejandro Char reconoció el esfuerzo del padre Cirilo en cohesionar a la comunidad y transformar una zona antes ocupada por peligrosos arroyos en un espacio accesible y urbanizado. «Hoy vemos un arroyo canalizado donde antes confluían cinco arroyos que inundaban la zona», destacó el mandatario distrital.
Por su parte, Kelvin Suero, jefe de operaciones del BID, resaltó la colaboración entre el sector público, privado y la comunidad, subrayando la importancia de la resiliencia climática en el diseño del parque. El gobierno de Japón aportó $1.5 millones de dólares al proyecto, enfatizando su compromiso con la convivencia y el desarrollo comunitario.
El ecoparque también se perfila como un espacio educativo con el respaldo de la Universidad del Norte. Profesores y estudiantes han realizado estudios biológicos, reforestación y diseño de señalética para adaptar el parque a la biodiversidad local. María Cristina Martínez, decana de Ciencias Básicas de Uninorte, explicó que su contribución incluye la creación de jardines temáticos y huertas.
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El profesor Rafik Neme destacó el papel del cuerpo de agua del parque como un elemento vivo, ofreciendo a la comunidad un espacio de conexión con la naturaleza. «Buscamos recrear una verdadera experiencia de bosque seco tropical, proporcionando un pulmón verde real para la ciudad», afirmó.

Con miras al futuro, el padre Cirilo solicitó apoyo para el mantenimiento del ecoparque y anunció planes para desarrollar un vivero de 6.000 metros cuadrados y una huerta comunitaria, con una inversión estimada de $3.000 millones. La iniciativa representa un hito en la transformación urbana de Barranquilla y en la construcción de un entorno más sostenible e inclusivo.




