Palabras de dolor resuenan en redes sociales tras el asesinato de Jerónimo Martínez Ballesteros, expresidente de la Junta de Acción Comunal de Colombiatón, acribillado sin piedad la noche de este jueves 27 de febrero.
La violencia armada sigue cobrando vidas en Cartagena de Indias y dejando a su paso una ola de incertidumbre y miedo. Martínez Ballesteros, un comerciante de 58 años, regresaba en su motocicleta a su casa en el barrio Flor del Campo cuando dos sicarios lo interceptaron en la entrada de Colombiatón, a un costado de la vía de La Cordialidad. Sin previo aviso, el parrillero desenfundó su arma y disparó a quemarropa de varios impactos de bala.
En el lugar del crimen se vivieron escenas desgarradoras. Familiares y amigos llegaron desesperados, clamando justicia en medio del llanto.
La Policía Metropolitana de Cartagena confirmó los hechos y aseguró que, en conjunto con la Fiscalía General de la Nación, adelantan investigaciones para dar con los responsables. Sin embargo, la sensación de impunidad sigue latente en una ciudad donde la violencia parece ganar terreno.
El asesinato de Jerónimo Martínez Ballesteros no fue un hecho aislado. La misma noche del jueves, sicarios perpetraron otros dos atentados en diferentes puntos de la ciudad.

A las 6:15 p. m., en el barrio Huellas de Alberto Uribe, un hombre de aproximadamente 60 años fue atacado mientras estaba sentado en un negocio de frutas y verduras. Dos sicarios en motocicleta lo sorprendieron, y uno de ellos le disparó en repetidas ocasiones sin mediar palabra. Gravemente herido, fue trasladado por testigos al CAP de El Pozón. Su estado de salud sigue siendo incierto.
Más tarde, en el barrio Olaya Herrera, sector Central, otro ataque a bala sacudió la noche. Hasta el momento, solo se sabe que hay una persona herida, pero no se han dado detalles sobre su estado ni sobre los responsables del atentado.
Estos hechos ponen nuevamente sobre la mesa la crisis de seguridad que enfrenta Cartagena de Indias. La modalidad de sicariato, con hombres armados movilizándose en motocicletas, se ha convertido en una constante en los barrios de la ciudad. La pregunta que surge es: ¿Qué están haciendo las autoridades para frenar esta ola de violencia?
La comunidad clama por respuestas y acciones concretas. Mientras tanto, las calles de Cartagena se siguen tiñendo de sangre, y el miedo se apodera de sus habitantes.



