En política como en la guerra, hay operadores y hay estrategas. Para la situación política actual, Armando Benedetti es ambos. La historia reciente ha demostrado que su peso específico en el ajedrez de Gustavo Petro es innegable, y su regreso al ruedo político es la confirmación de que el mandatario lo necesita más que nunca. No es casualidad que, tras su reaparición en el Congreso, la Cámara de Representantes aprobara la reforma a la salud, una de las apuestas más ambiciosas del gobierno. ¿Coincidencia? Difícil creerlo.
Benedetti es un político costeño astuto, con un olfato agudo para la estrategia y una capacidad única para operar en las sombras. A pesar de los múltiples escándalos que lo rodean, su habilidad para moverse en los círculos de poder sigue intacta, incluso, cada vez más fortalecida. Petro lo sabe. Y más allá de cualquier rencilla pasada, el presidente entiende que necesita a Benedetti si quiere consolidar su proyecto político más allá de 2026.
El reto no es menor. Petro ha perdido capital político con sus fracasos legislativos, su falta de gobernabilidad y su constante discurso de confrontación. Pero Benedetti ha demostrado que con los hilos y valores adecuados puede destrabar lo que parecía imposible. Su capacidad para tejer y torcer alianzas dentro del Congreso, presionar y seducir a los indecisos es clave en un escenario donde el Petrismo no tiene mayorías claras.
Mientras la oposición sigue cada vez más fragmentada entre egos y liderazgos débiles, el oficialismo encuentra en Benedetti un exquisito bálsamo para mitigar su desgaste. No importa cuántas veces haya sido señalado o cuántos audios comprometedores hayan salido a la luz, Benedetti sigue siendo un jugador indispensable en este tablero, el Joker en el gobierno del cambio.
El 2026 se acerca, y la suerte está echada. Petro no puede darse el lujo de perder poder antes de tiempo. Con un Congreso volátil, una economía golpeada y un país polarizado por su culpa, necesita operadores de peso. Y Benedetti, con su experiencia, sus contactos y su lealtad pragmática, es su ficha clave, por no decir imprescindible. No se trata solo de gobernar. Se trata de extender su legado, incluso si eso implica forzar los límites de la democracia. OJO COLOMBIA ¡los vecinos tampoco creyeron y miren como están.



