Ya está demasiado claro, en Colombia prima el interés de algunas empresas, partidos políticos de derecha y extrema derecha personificados en parlamentarios con necesidades mentales especiales que realizan el papel de ventrílocuos en defensa de intereses económicos y particulares de políticos y empresarios, sin importar la discusión y solución de los problemas colectivos, que traemos de lastre de gobiernos anteriores.
La función del ventrílocuos es de ripley, normalmente mueven los labios al son del títere que da la orden, muchas veces esa orden es disimulada, pero en el caso de los firmantes de la insólita propuesta para el hundimiento de la Reforma Laboral presentada en la comisión séptima del Senado de la República, es otro cantar, tuvieron el descaro de no colocar la boca entreabierta, sino esconderse en una firma como Chucky, al sonajero del verdadero muñeco maldito.
Los ventrílocuos de marras, cumpliendo la tarea encomendada principalmente por el Centro Democrático con el visto bueno de Cambio Radical y el raído y obsoleto partido Conservador, con el añejo y dirección esquizofrénica y burocrática del director del partido Liberal, los de Colombia “Injusta” y no Libres, con los que Miran y no tienen cerebro y lo inverosímil salida en falso de la vergonzosa dizque independiente Alianza Social, confabulados y prestándose como inmaculados para impedir el desarrollo del país con el hundimiento de la reforma.
Entonces cabe la pregunta ¿Cuál es el miedo a las reformas…? La respuesta es sencilla pero aterradora, la lucha por el poder se acerca, el calendario electoral para 2026 ya está a la vista, el 8 de marzo 2026 se elegirá el nuevo congreso y el 31 de mayo las presidenciales. Normalmente esta clase de actuaciones en contra del pueblo colombiano tiene ribetes politiqueros y están direccionada por expresidentes y ex vicepresidente, que no quieren soltar el poder, la burocracia, los contratos, la corrupción, el nepotismo y para ello se aprovechan de los incautos parlamentarios que se prestan para sus entramados, sin entender que el 80% de la población colombiana está “mamada” con nuestros expresidentes.
Es que escucharlos criticando y oponiéndose a todas las iniciativas del actual gobierno, cosa tal que incluso lo han practicado con sus propios partidarios, especialmente cuando se acercan épocas preelectorales, dista mucho de sus investiduras, sin entender, que lo que queremos son ex mandatarios ecuánimes, con posturas elegantes de acuerdo a su historia.
Ellos y sus acólitos, son los únicos que no han entendido lo difícil que se encuentra el país en cuanto a polarización y es allí donde los ex deberían entrar a subsanar heridas, hacer lo posible para que por lo menos se discutan y concilien las propuestas, cuando la historia ya los encasilla como los ‘jinetes del Apocalipsis’, y sus firmones como aves de mal agüero.
Para lograr su objetivo, y que… “el pueblo decida ante el bloqueo institucional” el presidente Gustavo Petro anunció la convocatoria de una consulta popular para definir el futuro de las reformas laboral y salud. En éste caso, la Corte Constitucional conceptúa que dichas consultas populares son para “conocer y percibir las expectativas de los ciudadanos, y al tomar una decisión impone un mandato de actuación donde en el tarjetón las respuestas a las preguntas serán “sí” o “no””, y presupuestalmente la cosa no será fácil, su estimativo está en el orden de los 500 mil millones de pesos, ya que su logística es similar a la de una elección ordinaria
Para el gobierno antes de ser sometida a las urnas, debe ser aprobado por el Senado por mayoría absoluta, que equivale a la mitad más uno de los integrantes, es decir al menos 55 de los 108 senadores, que una vez presentada la propuesta tendrán 20 días para pronunciarse y si es aprobada deberá convocarse para máximo tres meses después, y para su validez se requiere la participación no menos de la tercera parte de los electores que componen el censo electoral que hoy está en 40.963.370 personas y la consulta necesitaría que 13.6 millones salgan a votar. El Rancho ardiendo… y a cada santo su candelero.



