En ese afán constante por construir su propia narrativa histórica, el presidente Gustavo Petro ha decidido compararse con el coronel Aureliano Buendía, el icónico personaje de Cien años de soledad. Una comparación que no solo es desacertada, sino que raya en la ofensa al realismo mágico y a la obra cumbre de la literatura de autoría de nuestro nobel Gabriel García Márquez.
El coronel Aureliano Buendía es un personaje complejo, marcado por la tragedia, la lucha constante y una soledad profunda. Desde joven, se rebela contra el poder centralista y se convierte en el líder de 32 guerras civiles, todas perdidas, en su empeño por defender el ideario liberal. Sin embargo, su lucha no es por el poder en sí mismo, sino por un ideal que con el tiempo se vuelve cada vez más ambiguo y distante. En su vejez, desencantado de la política y del hombre, se sumerge en el oficio de fabricar pescaditos de oro, representando el ciclo eterno de la soledad y la futilidad de su lucha.
Petro, en cambio, no es un idealista desencantado ni un héroe trágico es un ex guerrillero fracasado, egocéntrico que fue amnistiado y no pago por sus delitos. A diferencia de Aureliano Buendía, que peleó contra el poder hasta su último aliento, Petro ha sabido acomodarse a las estructuras que alguna vez criticó y que lo ayudaron a llegar el poder.
Su paso de guerrillero del M-19 a presidente de la República es prueba de que no encarna la lucha perdida ni el desapego al poder, por el contrario, hizo hasta lo imposible para llegar a él, que no haya sabido aprovechar la oportunidad es otra cosa. Si algo ha demostrado su gobierno es un hambre insaciable de control, una tendencia a victimizarse y una obsesión con la perpetuidad de su discurso.
Mientras Aureliano Buendía representa la soledad del poder y el sinsentido de la guerra, Petro encarna el populismo, la polarización y el uso constante de excusas para justificar su inoperancia. El coronel nunca se aferró al mando ni buscó imponer su voluntad por decreto, algo que Petro hace a diario con su retórica incendiaria y su desprecio por las instituciones.
Compararse con Aureliano Buendía no solo es una distorsión literaria, sino también una falta de respeto a García Márquez, quien jamás hubiera imaginado que su personaje sería usado como una máscara política. Si Petro realmente leyó Cien años de soledad, debería saber que la historia del coronel no es un ejemplo de éxito revolucionario, sino un testimonio del absurdo de la guerra y de la condena eterna de un país atrapado en su propio laberinto.
Decir que Petro es Aureliano Buendía es no entender ni a uno ni al otro. Conste que mi análisis está basado en la probidad del texto literario, pero aun así insisto es un exabrupto la comparación. Lo justo es que más se parece a la chimoltrufia.



