Es común que los veteranos y miembros de la reserva activa sientan la necesidad de seguir aportando a la Patria debido a nuestra vocación de servicio y solidaridad con el pueblo colombiano. Esto conlleva a que queramos emprender una gestión propia para contribuir, de alguna manera, a esta causa y ayudar a nuestro grupo poblacional, incluyendo nuestras familias. Sin embargo, en el camino nos encontramos con algunos que ya habían iniciado este proceso y con otros que también tienen la misma iniciativa. Aquí es donde se ve la necesidad de trabajar en equipo, y es entonces cuando comienza el escenario para una gran batalla, surgiendo los fantasmas y/o traumas que alguna vez experimentamos en las diferentes fuerzas: egos, resentimientos por grados, categorías, y otras cuestiones que salen a la luz durante esta penosa travesía, que comenzó con un noble ideal. Esto se materializa debido a varios factores psicológicos y sociológicos de nuestra población. A continuación, trataré de explicarlos de la forma más sencilla posible:
- La renuencia a adaptarnos al rol de ya no portar el uniforme, sumada a la falta de un entrenamiento en democracia. Los militares y policías hemos sido formados en estructuras piramidales o jerárquicas de obediencia, donde la toma de decisiones se basa en el cumplimiento de órdenes y disciplina absoluta, no en consenso ni en debates. Como se dice en el argot militar: «¿Qué ordena?», «Como ordene», y/o «Cumplida su orden». Las órdenes se cumplen o la milicia se acaba. Ya en el ámbito civil, al querer ingresar en política, enfrentamos dificultades para adaptarnos a un sistema donde se requiere negociación, concesos y gestión de diferencias ideológicas sin recurrir a estrategias de confrontación extrema.
- Persistencia de una mentalidad combativa y competencia extrema. En la vida militar, la sana competencia y rivalidad son naturales, ya que la supervivencia y la victoria dependen de la capacidad de imponerse sobre el adversario. Al trasladar esta mentalidad a la política interna, las elecciones se pueden ver como un campo de batalla donde la aniquilación del oponente (incluso dentro del grupo) es la única estrategia válida. Esto genera divisiones internas profundas, fragmentaciones de liderazgo e incluso la imposibilidad de consolidar un proyecto político estable. Aquí es donde se puede aplicar la analogía del canibalismo.
- El surgimiento de emociones subliminales negativas como motor político. La política se basa en movilizar emociones, pero algunos sectores pueden recurrir al odio, el resentimiento y la desconfianza como herramientas de campaña. En el caso de veteranos y/o reservas, donde pueden experimentarse conflictos y enfrentamientos directos, estos sentimientos pueden amplificarse, convirtiendo la contienda electoral interna en un enfrentamiento de ataques personales y descalificaciones. Esto, teniendo en cuenta que se milita en bandos iguales o diferentes, según el caso.
- Falta absoluta de una cultura de cohesión civil en política. En democracia, los partidos o movimientos deben trabajar en unidad interna para poder competir externamente. Si los veteranos o reservistas no logramos cambiar nuestra mentalidad o espíritu combativo por uno de cooperación política, la participación en elecciones internas podría llevarnos a la autodestrucción y a lanzarnos en luchas intestinas sin fundamento, dejando el camino libre a otros sectores más organizados.
Tras el retiro, seguimos respetando los grados adquiridos en cada fuerza, pero las condiciones son iguales para todos. Los cargos pueden ser ocupados en igual medida por un general como por un soldado. Hoy en día, es un orgullo para mí decir que muchos soldados profesionales, infantes de marina profesionales, agentes y patrulleros han culminado carreras profesionales que les permiten ocupar cualquier posición dentro del sector privado y público, lo cual es muy importante.
Fácilmente podemos concluir que, si un grupo de veteranos o miembros de la reserva quiere participar exitosamente en política, debe trabajar en la transición de una cultura jerárquica y combativa a una más democrática y estratégica. Necesitamos una mayor formación en gestión política, negociación y construcción de consensos, evitando caer en el ciclo de autodestrucción interna. ¡De lo contrario, nuestras aspiraciones políticas seguirán viéndose afectadas por divisiones y conflictos internos, lo que nos debilitará frente a otros actores políticos mejor organizados y con más experiencia, llevando a que terminemos «muriendo sin haber nacido»!

COLETILLA: El canibalismo es el acto o práctica de alimentarse de miembros de la propia especie. Aunque comúnmente se asocia con la antropofagia (cuando seres humanos consumen a otros de su especie), en este caso me refiero a cuando miembros de un mismo grupo se destruyen entre sí, por lograr un fin determinado, generalmente en la búsqueda del interés particular, no del colectivo.
Columnista invitado: Señor Capitán (r) EJC. Oscar Sánchez Varilla | Colombiano con especialización en Administración de Recursos para la Defensa Nacional.



