“…Creíamos que la reencarnación no existía, especialmente en almas buenas. Nos imaginábamos que esas voces que nos recreaban diariamente podrían vivir en cuerpos diferentes…”
¿Quién no recuerda los años 40, 50 y 60, cuando no había Facebook ni TikTok, mucho menos X? Solo existía la radio AM, con periodistas de excelsas condiciones, así como humoristas que considerábamos los padres del fino humor, como fueron Los Chaparrines, Montecristo, Hebert Castro, Tocayo Ceballos, Los Tolimenses, La Escuelita de Doña Rita y el famoso manicomio de Vargasvil.
Creíamos que la reencarnación no existía, especialmente en almas buenas. Nos imaginábamos que esas voces que nos recreaban diariamente podrían vivir en cuerpos diferentes a los de nuestros tiempos. Pero desafortunadamente, no ha sido así, ya que, debido a los avatares de la corrupción, el nepotismo, el tráfico de influencias, y el poder para beneficio empresarial, familiar o particular, reencarnaron en especímenes no muy santos.
Los que fueron con el bochinche a Estados Unidos, específicamente a Washington, con el objetivo altruista de “sostener una serie de reuniones estratégicas con parlamentarios de ese país y así buscar fortalecer las relaciones políticas entre ambas naciones, además de tratar varios temas bilaterales como la migración, el narcotráfico, los cultivos ilícitos y la relación comercial Colombia-Estados Unidos”, fueron encabezados por el presidente del Congreso, Senador Efraín Cepeda, del raído trapo azul, Ana Paola Agudelo, de la que no se sabe mucho; Berenice Bedoya, que seguirá siendo así de sumisa; Lorena Ríos, que no es ni Justa ni Libre; Nicolás Echeverry, de los godos; Mauricio Gómez Amín, del otrora partido Liberal; Carlos Abraham Jiménez, de los Radicales; y Honorio Henríquez, de la extrema derecha del Centro.
Estos “Padres de la Patria” tenían como único objetivo denunciar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al presidente Gustavo Petro, por no dejarlos seguir saqueando nuestro país. Intentaron acallar al presidente para que no reformara lo malo que tenemos y para que no emitiera opiniones políticas en estas épocas, ya que sus intereses se verían entorpecidos. Sin pensar que las reformas concertadas, como deben ser, minimizan los conflictos que han sido tortuosos, conflictivos y sangrientos. Mucha culpa la tienen los partidos de los allí asistentes, que han tenido más de cien años de poder y, por ende, de complicidad con la corrupción, el desorden administrativo, el nepotismo y la falta de gobernanza en nuestro país.
Con vergüenza de Patria, intentaron parodiar al Manicomio de Vargasvil, pero la sátira que brotaba de sus poros fue contraria a lo que se imaginaban, ya que se caricaturizaron a sí mismos, a sus jefes o a los que les hacían el mandado. En Vargasvil, los personajes a los que se burlaban eran, entre otros, los expresidentes Pastrana, Samper, Gaviria, Uribe y Santos.
Ellos tienen demasiado claro que, con el poder perdido, no pueden seguir desangrando al Estado. También saben que la estigmatización de ser corruptos no les importa, ya que ser corrupto “sí paga”, y es un inmenso honor tener un diploma de convicto, exconvicto o de pariente con las mismas mañas.
En las carpetas de denuncias ante la CIDH, lo lógico era que llevaran el historial del fenómeno de la corrupción en Colombia, comenzando con la contratación estatal durante la pandemia de COVID-19, el escándalo de corrupción en la DIAN, en la Federación Colombiana de Fútbol, en FONADE, los robos con los carteles del SIDA, del síndrome de Down, de la hemofilia y de los locos en varias regiones de Colombia, el famoso caso de Odebrecht, el Cartel de la Toga, de la Chatarrización, de las regalías, el desfalco a Ecopetrol, Reficar, Dragacol, Foncolpuertos, Chambacú, el de los Juegos Nacionales, el carrusel de la contratación en la Alcaldía de Bogotá, el desfalco a Colpensiones, el carrusel de las pensiones del Consejo Superior de la Judicatura, Agro Ingreso Seguro, los desfalcos a Cajanal, Ferrovías, Caprecom, COOMEVA, Transmilenio, Empresas de Energía, y pare de contar.
Esa debió haber sido el temario y la verdadera visita de nuestros “Padres de la Patria”, pero nuestro país quedó viendo un chispero de incredulidad.



