Cada día que pasa, Colombia se sumerge más en el caos. La crisis en el sistema de salud es solo una muestra del desastre institucional que enfrentamos. La inseguridad se agrava con asesinatos de militares y policías, zonas minadas, secuestros y extorsiones en aumento. Los cultivos ilícitos crecen sin control, mientras el gobierno mira con indiferencia.
A este panorama desolador se suman las quejas de los estudiantes, empresarios, transportadores, agricultores, médicos, profesionales de la salud y hasta los soldados que combaten en el campo de batalla.
Pero claro, según el presidente y su círculo cercano, todo esto es una mentira, una invención de la oposición. No importa que la evidencia sea abrumadora, que el país esté al borde del colapso, que cada día más ciudadanos se sumen a la desesperanza. Lo único que parece importarle al gobierno del “cambio” es su permanencia en el poder y la implementación de un modelo que, lejos de traer progreso, nos arrastra por el mismo camino que llevó a Venezuela al abismo.
Es innegable que Colombia tenía problemas antes, pero nunca a este nivel. Petro ha hecho exactamente lo contrario de lo que prometió: dijo que no acabaría con la salud y lo está haciendo, que fortalecería la seguridad y la debilitó, que gobernaría para el pueblo y solo ha beneficiado a su élite política y a los grupos ilegales que hoy gozan de impunidad. Mientras tanto, los colombianos ven cómo sus impuestos son dilapidados en estrategias electorales disfrazadas de políticas públicas, y cómo el mandatario, en lugar de gobernar, sigue en campaña.
Sus discursos, cada vez más desconectados de la realidad, rozan la tragicomedia. Habla de golpes de Estado imaginarios mientras el país se desmorona frente a sus ojos. Promueve diálogos de paz con grupos que no han dejado de matar, extorsionar y sembrar terror en las regiones. Cada vez que toma el micrófono, cuesta más entenderle; sin embargo, todavía hay quienes lo aplauden, cual focas ante un tiburón que da vueltas antes de atacar.
La pregunta es: ¿Qué van a hacer los políticos para sacar al país de esta tormenta? No se trata de regresar al pasado, sino de corregir el rumbo antes de llegar al punto de no retorno. No podemos permitir que nos conviertan en otra Venezuela mientras el Gobierno se limita a lanzar miradas indolentes.
Quedan 16 meses de mandato, y es claro que Petro no está gobernando, sino tejiendo su estrategia para el 2026. El problema es que, para entonces, si no se actúa, Colombia habrá cambiado, sí… pero en la peor dirección posible.



