El Caribe colombiano está de luto, pero también de celebración. Ha partido una mujer que, con su voz, sus pasos imperfectos y su estilo irreverente, logró conquistar corazones más allá de la técnica. Nidia del Carmen Romero Santos, nacida en San Pedro, Sucre, pero afincada hace años en Cartagena de Indias, fue más que una imitadora de Shakira: fue un fenómeno local, una estrella auténtica en un mundo donde la imitación suele carecer de alma.
La conocimos como “Shakira en burro”, apodo que lejos de minimizarla, la convirtió en un símbolo de cercanía, de tierra, de pueblo. Así era ella: una artista que no necesitaba escenarios rimbombantes para brillar.
Su participación en el Factor X le dio un espacio en la memoria popular. No fue la ganadora, ni la más parecida a la artista barranquillera, pero sí fue la más auténtica. Sus imitaciones estaban cargadas de emoción, de carisma y de una honestidad que solo puede nacer del amor genuino por lo que se hace. Mientras muchos se esfuerzan por parecer, Nidia era. Nunca negó sus orígenes, nunca pretendió ser lo que no era. Su Shakira era costeña de verdad, sin maquillaje, sin filtro, con todo el sabor del Caribe metido en el cuerpo.
No es fácil hablar del legado de una imitadora, en un país donde muchas veces el arte popular es subestimado. Pero Nidia dejó una lección poderosa: no hay que tener millones de seguidores ni contratos discográficos para impactar vidas. En cada presentación, en cada entrevista, en cada risa que provocaba su paso por las tarimas populares, Nidia dejó una huella imborrable. En tiempos donde la fama es efímera y las redes nos consumen con artistas de plástico, “Shakira en burro” nos recordaba la esencia: divertir, conectar, emocionar.
Su partida, confirmada recientemente por medios locales, ha sacudido especialmente a Cartagena de Indias, ciudad donde vivía y donde era reconocida y querida. Las redes sociales se llenaron de mensajes que no solo lamentaban su muerte, sino que celebraban su vida. Muchos la recuerdan bailando en eventos públicos, haciendo reír a niños y adultos, siendo el alma de cada escenario donde se presentaba.
Nidia era la muestra viva de que la imitación también puede ser arte cuando se hace con personalidad. En un medio donde se premia lo idéntico, ella apostó por lo genuino. Su burro era simbólico: representaba lo humilde, lo cotidiano, lo que somos como región. “Shakira en burro” no era una burla, era una declaración de identidad. Y en esa mezcla de humor y talento, logró lo que muchos no: hacerse inolvidable.
Hoy nos despedimos de Nidia del Carmen Romero Santos con el corazón apretado, pero también con gratitud. Porque se necesitan más artistas como ella, que desde la periferia cultural logran decir más que muchos desde los reflectores. Descansa en paz, querida Shakira en burro. El cielo hoy tiene una imitadora con alma, con gracia, y con todo el swing de la costa. Aquí abajo, te vamos a extrañar.



