La Semana Santa, tradicionalmente un período de reflexión y recogimiento, se vio empañada en Sincelejo y el departamento de Sucre por una ola de violencia que dejó a la comunidad sumida en la preocupación y el temor. Los recientes hechos delictivos han puesto en evidencia las falencias en el manejo de la seguridad y el orden público por parte de las administraciones departamental y municipal.
Uno de los casos más alarmantes fue el asesinato de Jhon Jairo Sierra Osorio, un mototaxista que fue baleado mientras se desplazaba en su vehiculo por el sector conocido como El Pecador, a pocos metros de la Variante a Tolú. Según información preliminar, un sicario le propinó tres balazos: dos en la espalda y uno en el pecho, heridas que resultaron fatales.
Este hecho no es aislado. Durante la Semana Santa, se registraron múltiples casos de microtráfico, lesiones personales, extorsión, hurtos y abigeato en la región. El microtráfico sigue siendo un flagelo que afecta a la juventud, facilitando el consumo y la violencia asociada. Las lesiones personales, muchas veces producto de riñas y conflictos interpersonales, continúan en aumento, evidenciando la falta de programas efectivos de prevención y resolución de conflictos.
La extorsión, por su parte, ha alcanzado niveles preocupantes. Comerciantes y ciudadanos denuncian ser víctimas de este delito, que no solo afecta la economía local, sino que también genera un ambiente de inseguridad constante. Los hurtos, tanto a personas como a residencias y establecimientos comerciales, se han vuelto comunes, y el abigeato sigue golpeando al sector ganadero, generando pérdidas significativas y desestabilizando la economía rural.
Es importante reconocer el esfuerzo y la labor de la fuerza pública, que, a pesar de las limitaciones, continúa enfrentando estos desafíos. Sin embargo, es evidente que las estrategias implementadas por las autoridades locales no han sido suficientes ni efectivas para contener esta ola de criminalidad. La falta de una política integral de seguridad, la escasa presencia policial en zonas críticas y la ausencia de programas sociales que aborden las causas estructurales de la violencia son factores que contribuyen a esta situación.
La comunidad merece y exige mayor tranquilidad y seguridad. Es imperativo que las administraciones departamental y municipal, en coordinación con las autoridades nacionales, diseñen e implementen políticas públicas que aborden de manera integral la problemática de la inseguridad. Esto incluye fortalecer la presencia policial, mejorar la infraestructura de seguridad, promover programas de prevención del delito y fomentar la participación ciudadana en la construcción de entornos seguros.
La Semana Santa debería ser un tiempo de paz y reflexión, no de miedo y violencia. Es responsabilidad de las autoridades garantizar que los ciudadanos puedan vivir en un entorno seguro y tranquilo. La situación actual en Sincelejo y Sucre requiere acciones urgentes y decididas para devolverle a la comunidad la confianza en sus instituciones y en el futuro de su región. No había cerrado esta columna cuando en diferentes medios locales anunciaban un plan pistola por parte de grupos al margen de la ley, El alcalde de Sincelejo hizo anuncios desde la Base de entrenamiento de Infantería de Marina de Coveñas y ofreció recompensas a quienes suministren información, rogamos a Dios podamos terminar esta semana con mayor tranquilidad.



