En La Mojana, el agua lo cubre todo, pero lo que verdaderamente inunda a esta región no es solo el desbordamiento del río Cauca, sino el abandono sistemático del Estado y la inoperancia de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), bajo el mando de Carlos Carrillo. Hoy, lo que está roto no es solo el jarillón de Care’gato: es la confianza de miles de ciudadanos en un Gobierno que prometió cambios y ha entregado ruinas.
Enrique Martínez Alemán, presidente del Comité de Ganaderos de La Mojana, no se anduvo con rodeos: “Carrillo es el director de la Unidad de Desastres, y el desastre es él”. Y no le falta razón. Desde agosto de 2021, cuando se rompió Care’gato, la región quedó expuesta a un ciclo de inundaciones que ha arrasado con cultivos, viviendas y el patrimonio ganadero. Más de cien mil reses han sido evacuadas desde entonces y, tan solo en esta última semana, entre 15 mil y 20 mil cabezas de ganado han tenido que ser desplazadas hacia zonas secas. Todo esto, sin que exista una solución definitiva por parte del Gobierno nacional.
Carrillo, fiel ejecutor del desgobierno de Petro, no ha querido (ni quiere) cerrar Care’gato. Su reciente propuesta de invertir 17 mil millones de pesos en el ensanchamiento del canal de La Esperanza es vista por los mojaneros como otra maniobra para despilfarrar los recursos públicos. “Esa plata se la van a robar, porque eso no se necesita”, dijo sin titubeos el líder gremial. Y es que el canal —aseguran quienes conocen el terreno— se ensancha solo una vez se taponen los puntos críticos del boquete. Pero claro, la lógica del campo poco importa en los escritorios de Bogotá, y mucho menos al titular de la Casa de Nariño.
Y mientras Carrillo prepara su campaña (¿a qué? no se sabe), ensaya discursos desde la capital. Las lluvias apenas comienzan, y la tragedia se acentúa. Los contratistas abandonaron las obras, los recursos anticipados se esfumaron, y los 6.300 hogares afectados por el invierno siguen esperando una respuesta que no llega. La UNGRD anuncia medidas legales que suenan a las excusas de siempre: la culpa es del otro, la solución es a largo plazo, el dinero se ejecutó… pero no se ve.

La Mojana no necesita más promesas: necesita acción. No discursos, sino maquinaria. No fotos, sino soluciones reales. Pero este gobierno prefiere el espectáculo. Mientras se desploman los diques y se ahogan las esperanzas, en Palacio siguen cantando la melodía de la “paz total” y la transformación social. ¿Cuál transformación? Si en La Mojana la transformación ha sido de tierras fértiles a lodazales, de productividad a ruina, de esperanza a desesperación.
Carrillo, usted no es gestor del riesgo: es gestor del desastre. Y Petro, su presidente, no representa el cambio, sino la continuidad del abandono, ahora disfrazado de narrativa populista. El verdadero desastre no es la lluvia: es la ineptitud suya y la del régimen que representa.



