Ya comienza el Festival. Todos están invitados, todos se mueren por ir, muchos no podrán asistir por diferentes motivos. Así, parodiando el himno del Festival Vallenato, iniciamos esta invitación que desde el 30 de abril congrega a propios y foráneos en Valledupar, una ciudad que, como cada año, se convierte en el corazón vivo del folclor colombiano durante la edición 58 del Festival de la Leyenda Vallenata.
Allí no solo competirá el talento, ni será solo una vitrina de conciertos. Es algo más espiritual: un ritual colectivo que rinde homenaje a la identidad de un pueblo que aprendió a contar su historia con los ritmos y sonidos únicos de una caja, una guacharaca y un acordeón.
En 2025, el Festival está envuelto en un sentido especial: es un homenaje póstumo a uno de los grandes pilares del vallenato moderno. Valledupar rinde tributo a uno de los suyos, a un hombre que hizo del amor, el despecho y la alegría vallenata una forma de vivir: Omar Geles, el compositor, cantante y Rey Vallenato de 1989, quien dejó un legado imborrable que se siente en cada parranda, en cada corazón que ha llorado o se ha enamorado con sus canciones. Este año, Valledupar no solo recordará su música: elevará su figura al mito, como parte del linaje inmortal de la música vallenata.
Durante los cuatro días del festival (del 30 de abril al 3 de mayo), Valledupar no duerme. En cada esquina brotan los sonidos del folclor, que como réplicas de un huracán llegan a las plazas donde retumban las coplas, y en cada diálogo se intercambian anécdotas sobre los grandes juglares. El Festival Vallenato es una esquina donde convergen todas las generaciones; un vaso comunicante que conecta a viejos maestros con nuevas voces que intentan salir a flote para ocupar su lugar en el firmamento musical vallenato.
La edición de 2025 trae a su escenario principal figuras de gran renombre: Silvestre Dangond, dueño de un estilo eufórico y pasional que encenderá los ánimos del público. Pero no todo será vallenato: también estará Luis Alfonso, exponente de la música popular, y como invitado internacional, Chayanne, el romántico boricua cuya participación promete un cruce de emociones entre el Caribe colombiano y el puertorriqueño.
Dicen que el verdadero festival ocurre en la calle, más allá de los reflectores y las tarimas. Allí, en medio de las parrandas espontáneas, los concursos de piquería, canción inédita y los versos improvisados, se mantiene viva la llama de una tradición que nació entre sábanas, ríos y montañas.
El 58° Festival de la Leyenda Vallenata no es una fiesta cualquiera: es la declaración de amor de todo un pueblo a su música, a su cultura y a sus raíces. En esta edición, Valledupar no solo canta: honra, recuerda y reafirma que mientras haya un acordeón sonando, el espíritu vallenato seguirá tan vivo como siempre. Pero ojo: el verdadero festival no es solo de tarimas. Es la parranda en una esquina cualquiera. Es el niño que toca su primer acordeón frente a vecinos como su público. Es la señora que vende bollos y canta bajito las canciones de Diomedes. Ahí es donde vive el alma del verdadero vallenato.



