Cartagena de Indias está dejando de parir. En lo que va de 2024, los nacimientos en la ciudad cayeron un 18%, una señal que va más allá de las estadísticas y habla de una sociedad que, en medio de la desigualdad, la incertidumbre económica y la falta de oportunidades, parece estar perdiendo la confianza en el mañana.
Según el más reciente informe de Cartagena Cómo Vamos, basado en cifras del DANE, en 2024 se registraron 12.518 nacimientos en la capital de Bolívar, frente a los 15.295 del año anterior. La caída no es una anomalía: es una tendencia sostenida que ya acumula una reducción del 29% desde 2021.
Y aunque Cartagena sigue teniendo una de las tasas brutas de natalidad más altas del país (11,8 por cada mil habitantes), por encima de ciudades como Medellín, Bogotá y Cali, la caída de nacimientos refleja un fenómeno estructural: menos familias están decidiendo tener hijos porque simplemente no hay condiciones dignas para hacerlo.
La cifra más alarmante es esta: las mujeres en Cartagena hoy tienen en promedio 1,4 hijos, muy por debajo del umbral de reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer). Es decir, si la tendencia continúa, en unas décadas seremos menos, y más envejecidos.
A esto se suma otro dato que revela las contradicciones profundas de la ciudad: 38,9 de cada mil nacimientos siguen ocurriendo entre adolescentes de 15 a 19 años, lo que muestra que la educación sexual y reproductiva aún no llega donde más se necesita. Se está dejando de parir por decisión adulta, pero las niñas siguen enfrentando embarazos no deseados.
“La caída en los nacimientos puede estar mostrando una ciudad donde las familias sienten que no hay suficientes condiciones para proyectar su futuro”, advierte Eliana Salas Barón, directora de Cartagena Cómo Vamos.
El informe recomienda una respuesta articulada y urgente: más políticas públicas que garanticen educación, empleo digno, salud de calidad y acceso a vivienda. Pero también un compromiso real con la salud sexual y reproductiva, el acceso a métodos anticonceptivos modernos y educación sexual integral desde edades tempranas.
Mientras tanto, las familias cartageneras siguen postergando –o renunciando– a traer hijos al mundo. No por egoísmo. No por comodidad. Sino porque en una ciudad donde criar con dignidad se ha vuelto un lujo, la esperanza se mide en hijos que no llegan.



