La desaparición de Tatiana Hernández, la joven médica bogotana que realizaba sus prácticas en el Hospital Naval de Cartagena, nos recuerda el caso aún no resuelto de Alexandrith Sarmiento, una adolescente de 15 años que, el 19 de marzo de 2021, salió de su casa en el corregimiento de Bayunca y fue vista por última vez en Pontezuela acompañada de un tío político. Hoy, después de cuatro años, Alexandrith sigue desaparecida. Y ahora, Tatiana, tras ocho días, tampoco ha sido encontrada.
La desaparición de Tatiana se encuentra rodeada de versiones preocupantes. Según testimonios de una compañera de internado, la joven habría estado sometida a fuertes presiones laborales y psicológicas durante sus prácticas médicas. No se descarta que también enfrentara otros tipos de presiones o afectaciones.
Un hecho insólito en este caso es la última imagen que se tiene de ella: una fotografía captada por un transeúnte muestra a Tatiana sentada sobre unas piedras en la entrada de Bocagrande, uno de los barrios más exclusivos y transitados de Cartagena. A pesar de la visibilidad de la zona, la joven no fue socorrida ni protegida.
Testigos afirmaron haberla visto subir, o ser subida, a un vehículo con dos hombres. Otros indican que podría haber sido drogada aprovechando su evidente estado de vulnerabilidad. También se mencionan presuntas afectaciones emocionales que habrían deteriorado su salud mental. Sin embargo, hasta el momento, ninguna de estas hipótesis ha sido confirmada.
Un grave obstáculo para la investigación es la ausencia de cámaras de seguridad operativas en el área. Muchas están dañadas y otras simplemente no existen, a pesar de tratarse de un sector clave de la ciudad. Por esta razón, el concejal Javier Julio Bejarano ha solicitado que el director de Distriseguridad comparezca ante el Concejo para explicar las razones de la falta de vigilancia electrónica en la zona, así como el estado inoperante de las pocas cámaras existentes, a pesar de los recursos girados por el Gobierno Nacional para fortalecer la seguridad.
El caso de Tatiana ha puesto en evidencia, una vez más, la preocupante situación de inseguridad en Cartagena. Además, revive la memoria de otros episodios trágicos, como el de la joven estudiante de medicina de la Universidad Javeriana en Bogotá, quien se quitó la vida en julio de 2024 tras denunciar acoso durante sus prácticas hospitalarias.
Si en Bocagrande, con su importancia y visibilidad, no hay vigilancia efectiva, ¿Qué se puede esperar para los barrios periféricos? Esta situación explica, en parte, la dificultad para identificar a delincuentes y homicidas en la ciudad.
La ciudadanía, legítimamente indignada, se pregunta:
- ¿Qué se hicieron los 5.000 millones de pesos girados en febrero de este año por el Gobierno Nacional para la seguridad de Cartagena, dentro de un convenio de 11.000 millones?
- ¿Dónde están los recursos destinados para proteger a la ciudadanía?
- ¿Qué pasó con los drones de seguridad que se presentaron públicamente con bombos y platillos?
Las respuestas a estos interrogantes deben ser dadas por el Alcalde de Cartagena, el director de Distriseguridad y el Secretario del Interior. La ciudadanía exige claridad, resultados y, sobre todo, acciones concretas para garantizar la vida y la seguridad de todos.



