“…será a partir del 7 de mayo en una reunión o cónclave, término del latín que significa ‘con llave’ o ‘ultra secreta’…”
La elección del nuevo pontífice de la Iglesia católica, que reemplazará al fallecido papa Francisco —quien murió el pasado 21 de abril de 2025— comenzará el 7 de mayo en una reunión conocida como cónclave, término que proviene del latín cum clave, y que significa “bajo llave”, en alusión al carácter reservado y secreto de dicho evento.
Serán 133 cardenales menores de 80 años, con derecho a voto, quienes tendrán la responsabilidad de anunciarle al mundo, y especialmente a los más de 1.500 millones de fieles católicos, quién tomará las riendas de una de las instituciones más poderosas del planeta.
¿Y cómo será dicha elección? Se desarrollará en la famosa Capilla Sixtina. Si existe unidad, se espera que el nuevo papa sea elegido en los tres primeros días. De ser así, se enviaría un mensaje de cohesión al mundo; de lo contrario, quedaría en evidencia la existencia de profundas divisiones e intereses económicos, políticos y religiosos al interior del Vaticano.
Pocos saben que el humo negro o blanco que anuncia si hubo o no elección tiene también una connotación simbólica e interna. Tras cada votación, las papeletas se recogen, se cuentan y se queman. Si no hay consenso, el humo es negro; si hay acuerdo, el humo blanco se eleva desde la chimenea visible en la Plaza de San Pedro, instalada en el tejado de la Capilla Sixtina.
Para lograr el humo negro, se combinan las papeletas con cartuchos que contienen antraceno, perclorato de potasio y azufre. Para el humo blanco se utiliza colofonia, clorato de potasio y lactosa.
Como en toda elección donde hay intereses poco santos, abundan los candidatos: liberales, conservadores y ultraconservadores. Algunos llevan décadas en el poder, reproduciendo viejas mañas propias de la política tradicional.
Entre los liberales destacan Pietro Parolin (Italia), actual secretario de Estado del Vaticano, de 70 años; Matteo Zuppi (Italia), de 67 años y arzobispo de Bolonia; el filipino Luis Antonio Tagle (67 años); Michael Czerny (Canadá), de 78 años, defensor de los derechos de los migrantes; Víctor Manuel Fernández, arzobispo de La Plata (Argentina), de 62 años, actual prefecto del Dicasterio para la Evangelización; y Jean-Claude Hollerich (Luxemburgo), de 65 años.
Del lado conservador figuran Fridolin Ambongo Besungu, arzobispo de la República Democrática del Congo, de 65 años; Robert Sarah (Guinea), de 78 años; y el ultraconservador Raymond Burke (EE.UU.), de 76 años, defensor acérrimo de la Misa Tridentina, pronunciada en latín y de espaldas a los fieles. Todos ellos son críticos de las reformas progresistas e igualitarias, defensores del celibato y opositores a que las mujeres puedan celebrar misa o acceder a cargos de mayor jerarquía dentro de la Iglesia.
La Iglesia católica y el Vaticano deben recomponer su modelo político-económico-religioso para fortalecer la fe en Dios. Los católicos no pueden pasar por alto la opulencia de una institución en la que han existido turbios manejos financieros, especialmente a través del Banco del Vaticano. Se estima que sus reservas de oro superan las 65 mil toneladas, y en dólares, el patrimonio podría sobrepasar los 2 mil billones, sin contar sus museos, inversiones en Wall Street y acciones en compañías como IBM o General Motors, entre otras.
A ello se suman delitos relacionados con bienes inmuebles, abuso sexual, extorsión, chantaje, soborno, malversación, corrupción, lavado de dinero, estafa, y falsificación de documentos. Casos como el del cardenal Angelo Becciu y otros nueve religiosos procesados así lo confirman. Todo esto contradice el llamado del papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti, donde abogó por “cero corrupción” y el bien común.
Asimismo, urge esclarecer si realmente existió complicidad de la Iglesia católica en la llamada “Ruta de las Ratas Nazis”. ¿Sabía el papa Pío XII y calló para encubrir? Los documentos desclasificados que el Vaticano dice estar estudiando deberían hacerse públicos. Solo así sabremos la verdad completa. Esperemos entonces que el humo blanco no tarde más de tres días en aparecer.



