En un gesto que une el pasado, el presente y el futuro de Cartagena, la Universidad de Cartagena y la Escuela Taller de Cartagena de Indias firmaron un convenio que marca un hito: la restauración del histórico Claustro de La Merced, sede universitaria cargada de simbolismo y valor patrimonial.
Pero este no será un proyecto común. 56 manos jóvenes —20 egresados y 40 aprendices de la Escuela Taller— serán las encargadas de devolverle la vida a cada muro, cada puerta, cada rincón de este emblemático edificio, que alguna vez fue convento y hoy alberga áreas clave de la Unicartagena, así como una sala dedicada a Gabriel García Márquez.
Este esfuerzo cobra aún más sentido en el contexto del bicentenario de la Universidad, que se celebrará próximamente. Más que una obra física, esta restauración es una acción conmemorativa que reafirma el compromiso de la alma mater con la ciudad, el patrimonio y las nuevas generaciones.
“Este convenio nos llena de esperanza. Es un proyecto donde la cultura, la educación y el trabajo juvenil convergen para cuidar lo que somos y lo que fuimos”, expresó Willian Malkun Castillejo, rector de la Universidad de Cartagena, durante la firma del acuerdo junto a Sandra Schmalbach, directora de la Escuela Taller, y Bertha Arnedo, vicerrectora de Extensión y Proyección Social.
El Claustro de La Merced es mucho más que un edificio antiguo. Es un escenario vivo de la historia de Cartagena, que hoy acoge vicerrectorías, espacios culturales y memorias universales. En palabras de Sandra Schmalbach, “nuestros egresados y aprendices, vestidos con sus uniformes amarillos, no solo restaurarán la madera y el color, sino también el alma de este espacio”.
Las intervenciones —centradas en trabajos de pintura, carpintería y conservación arquitectónica— iniciarán en las próximas semanas, sin alterar el valor histórico del Claustro, y con el firme objetivo de recuperar su esencia sin perder su espíritu.
Este proyecto es un ejemplo de cómo el trabajo interinstitucional puede transformar la ciudad, generar empleo digno, fortalecer la identidad cultural y conectar generaciones. Una obra de restauración, sí, pero también un acto de amor a Cartagena y a su legado.



