Cartagena de Indias – En lo que va del año, las autoridades colombianas han asestado un golpe sin precedentes al «Clan del Golfo» en la región Caribe: 139 integrantes capturados, incluyendo ocho cabecillas, más de 57 toneladas de cocaína incautadas, casi 10 toneladas de marihuana decomisadas y un daño financiero estimado en más de 11 billones de pesos. A esto se suma la recuperación de 10 armas de fuego, entre ellas tres fusiles de asalto, y la incautación de mercancía de contrabando valorada en cerca de 9 mil millones de pesos.
Pero estas cifras no solo representan operaciones exitosas. Significan el inicio de un cambio en territorios históricamente dominados por el miedo y el silencio. Municipios como San Onofre, Sincelejo, Montería y áreas rurales del departamento de Bolívar están comenzando a respirar con más tranquilidad. En San Onofre, por ejemplo, el hallazgo de un arsenal camuflado en la maleza —con fusiles M-15, municiones, uniformes y proveedores— evitó que se prolongara el ciclo de violencia en la zona.
Las operaciones, lideradas por la Armada de Colombia a través de la Fuerza Naval del Caribe, con el apoyo del Ejército, la Fuerza Aeroespacial, la Policía Nacional y la Fiscalía General, han debilitado a subestructuras como “Manuel José Gaitán”, “Erlín Pino Duarte” y “Nicolás Antonio Urango Reyes”, reduciendo su capacidad de intimidación, extorsión y reclutamiento de menores.
Uno de los golpes más simbólicos fue la captura de alias “Dago”, “Benjamín” y “Charly”, considerados enlaces clave entre el narcotráfico y el control armado en corredores de movilidad. Con ellos fuera de circulación, se ha quebrado la cadena de mando y se ha abierto paso a una presencia institucional más fuerte.
Aunque los criminales intentaron contraatacar —como lo demuestran los atentados contra miembros de la Armada en Sincelejo, entre ellos el infante de marina profesional Armando José Arrieta Pontón—, la respuesta del Estado ha sido clara y contundente: cinco presuntos sicarios capturados y puestos a disposición de la justicia.
Hoy, estas acciones están permitiendo que comunidades desplazadas comiencen a regresar, que los caminos rurales vuelvan a ser transitables y que niños y niñas retomen sus juegos sin miedo. El golpe al Clan del Golfo» no solo es militar: es social, es económico y es profundamente humano.



