San Pedro Sucre, celebra su alma, su historia y su gente. Ochenta y seis años después de haberse convertido en municipio, esta tierra sabanera sigue latiendo con fuerza, con orgullo y con la memoria viva de quienes la sembraron de dignidad, esfuerzo y esperanza.
Fue un 13 de mayo de 1939 cuando, gracias a la valentía y visión de hombres como Luciano Gamarra Solórzano, Antonio Dájer Bohórquez y Carmelo Castilla, San Pedro dejó de ser un corregimiento para convertirse en municipio. Aquel día no solo se trazaron nuevos límites geográficos, sino que se desató el sueño de una comunidad entera de escribir su propio destino.
A San Pedro lo llaman con cariño la «Tierra Blanca», no por el color del suelo, sino por aquel manto de algodón que alguna vez cubrió sus sabanas como símbolo de abundancia. En los años 70, 80 y 90, esta fue una tierra pródiga, que olía a cosecha y sonaba a acordeón. «Sorayita», aquella canción inmortal de Juan Severiche Vergara, cantada por Alfredo Gutiérrez, aún se escucha como himno de una época dorada, cuando los algodonales eran orgullo y sustento de cientos de familias.
Pero San Pedro es más que historia; es presente y es porvenir. Hoy, aunque los algodones ya no ondeen como antes, el alma del campo sigue viva. Campesinos que madrugan, mujeres que luchan, jóvenes que sueñan: todos siguen escribiendo, con sus manos callosas y corazones firmes, el relato silencioso de la perseverancia.
Además de ser tierra de labranza, San Pedro guarda bajo sus pies una promesa energética: petróleo y gas natural. Una riqueza que debe gestionarse con conciencia, para que no se repita la historia de tantas regiones explotadas pero olvidadas. Esta vez, el desarrollo debe ir de la mano con la justicia social, el respeto al medio ambiente y el bienestar colectivo.
En su trasegar institucional, San Pedro ha sido testigo del paso de 87 alcaldes por decreto y 11 por elección popular. En cada administración, con sus aciertos y desaciertos, ha quedado sembrada una huella que contribuye al andar del municipio. Especial mención merece el actual alcalde Germán Junior Manjarrez Hernández, y también líderes como Farid Benítez Martínez, elegido dos veces por su gente, reflejo de la confianza de un pueblo que aún cree.
Los recuerdos de aquel primer Concejo Municipal en 1941 —presidido por Genaro Villamil, abuelo de la inolvidable Sorayita— siguen vivos en la memoria colectiva. Fueron tiempos fundacionales, donde los sueños pesaban más que las dificultades, y la palabra tenía el valor de una promesa.
Hoy, a sus 86 años, San Pedro Sucre no se rinde. Es más que un lugar: es un legado vivo, un abrazo sabanero, un canto de esperanza. Es la cuna de líderes, educadores, músicos, labriegos y soñadores que no han permitido que la adversidad borre lo que el amor por esta tierra ha tejido por generaciones.
San Pedro no solo recuerda: resiste, celebra, proyecta y sueña y en ese sueño colectivo caben todos y florece con la fuerza de sus raíces y el coraje de su gente.



