La creciente del río Magdalena ha desatado una nueva emergencia humanitaria en el sur de Bolívar. En la zona del Violo, jurisdicción del municipio de Hatillo de Loba, un jarillón colapsó provocando la inundación de vastas áreas rurales. La tragedia ha dejado a más de 300 familias damnificadas, quienes enfrentan la pérdida de cultivos, animales y sus hogares.
El alcalde de Hatillo de Loba, Robinson Fernández Astorga, llegó personalmente al punto crítico conocido como “Boquete la Chaqueta” junto a su equipo de planeación, para inspeccionar los daños. Acompañado de líderes comunitarios, evaluó el estado del terreno y urgió la atención de los organismos nacionales.
“Esta situación supera la capacidad del municipio. Ya hicimos el llamado de emergencia a la UNGRD, al gobierno departamental y a Cormagdalena. Se requiere una intervención inmediata y contundente para cerrar este boquete y proteger a la población”, expresó el mandatario.
Fernández aseguró que desde 2024 su administración ha venido gestionando ante las autoridades competentes la construcción de un jarillón carreteable que sirva de contención y permita el acceso a estas zonas, altamente vulnerables a las inundaciones. No obstante, la aprobación del proyecto ha quedado estancada en trámites burocráticos fuera del control de la Alcaldía.
La situación en el Violo es dramática. Las familias lo han perdido todo. “Se nos ahogaron los animales y el arroz ya no se puede salvar”, declaró con voz entrecortada una campesina de la zona. A pesar del esfuerzo local, la falta de maquinaria y recursos hace imposible frenar la emergencia sin ayuda externa.
El alcalde lanzó un S.O.S. al Gobierno Nacional para que, más allá de las visitas técnicas, se active de inmediato un plan de atención integral que incluya obras de mitigación, asistencia humanitaria y una solución definitiva a los problemas estructurales del sistema de contención del río.
“Esto no es solo un tema de Hatillo de Loba. Es un tema de Estado. Estamos viendo cómo el río se lleva el futuro de cientos de familias sin que haya una reacción eficaz. No podemos seguir siendo invisibles”, concluyó Robinson Fernández.



