En Colombia, la corrupción no es un cáncer: es el sistema circulatorio de muchos gobiernos. Y el clientelismo, esa vieja plaga disfrazada de “gestión pública”, sigue premiando a los leales del silencio con contratos, mientras castiga —con amenazas o difamaciones— a quienes se atreven a decir la verdad. Pero nada les incomoda más que una noticia que no se pueda borrar de Google.
Hace unos meses, un contratista capturado por corrupción en un pueblo de Bolívar —con pruebas y fuente oficial confirmada— apareció en portada de 724 | Noticias. No tardó en buscarme. Pero no para ejercer su derecho a la réplica. Llamó para ofrecer dinero. Me suplicó borrar la nota porque su nombre aparecía en cada hoja de vida que enviaba. Cada búsqueda en Google era un obstáculo para seguir contratando. Su vergüenza, su captura, su realidad. Mi respuesta fue clara: “No negocio la verdad.”.
Llevo 34 años en este noble oficio. Nunca he tenido que rectificar una noticia, porque las escribo con responsabilidad, con ética, con respaldo documental. Otros no pueden decir lo mismo. Muchos bajan notas por una pauta, una OPS, un favor burocrático. Y ahí está el verdadero cáncer: cuando se vende la conciencia, se muere el periodismo.
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Ayer, el portal Las2Orillas publicó una bomba: una denuncia ciudadana sobre un contrato de la Alcaldía de Cartagena con una persona señalada de tener vínculos con el “Clan del Golfo”. Hoy, muchos buscaron la noticia… y oh, sorpresa: ha desaparecido. Algunos usuarios incluso pidieron explicaciones en redes sociales.

Lo cierto es que la nota sigue existiendo, pero con otra URL. Un cambio discreto, sin fe de erratas. ¿Censura maquillada? ¿Presión política? ¿Autocensura disfrazada de edición?

- Aquí puedes encontrarla: https://www.las2orillas.co/expandillero-que-trabaja-para-la-alcaldia-de-cartagena-es-acusado-de-hostigar-periodistas/



