En el corazón del barrio Palestina en Cartagena de Indias donde cada calle encierra historias de lucha y esperanza, un grupo de mujeres empieza a entrelazar algo más que peinados: comienzan a trenzar su independencia. La Casa COMPI, un espacio pensado para la comunidad, se ha convertido en el punto de encuentro donde 40 mujeres dieron el primer paso hacia la construcción de sus propios sueños.
Allí, entre risas, miradas cómplices y manos expertas, se desarrolló la primera jornada del curso “Trenzando Oportunidades”, una iniciativa que no solo enseña técnicas de trenzado afro, sino que siembra confianza, autoestima y sentido de pertenencia. Para muchas, fue la primera vez que se sentaron a aprender en un entorno donde su voz importa y su historia cuenta.
El curso, que combina formación práctica y herramientas para fortalecer emprendimientos, también reivindica las raíces culturales en el marco del mes de la afrocolombianidad. “Cada trenza lleva una historia, una memoria. Nos conecta con nuestras ancestras”, comenta una de las instructoras.
La Casa COMPI se ha convertido en mucho más que una infraestructura. Es un refugio, una escuela, un espacio seguro donde las mujeres se sienten vistas, escuchadas y valoradas.
El curso es apenas el comienzo. Vendrán más talleres, más oportunidades y, sobre todo, más historias que nacen desde abajo, desde lo cotidiano, y que apuntan a un cambio real: mujeres que ya no esperan que las cosas mejoren, sino que se convierten en protagonistas de esa transformación.
De acuerdo con Angélica Salas, primera gestora de Bolívar, esta iniciativa busca no solo fortalecer la autonomía económica de las mujeres participantes, sino también generar redes de apoyo, colaboración y empoderamiento dentro de la comunidad.
En Palestina, las trenzas no solo embellecen. También unen. Y ahora, más que nunca, son símbolo de un futuro que se construye con cada hilo de dignidad, creatividad y sororidad.





