En un rincón del Caribe donde el mar susurra historias de lucha y resistencia, un grupo de 16 mujeres adultas mayores decidió reescribir su destino. Eran conocidas como “las carboneras”, porque durante décadas su sustento dependía de la venta de leña y carbón. Pero hoy son artesanas ambientales, y su historia es símbolo de transformación, resiliencia y sostenibilidad.
Todo comenzó en 2016, cuando el gas natural llegó a la isla de Tierra Bomba. Lo que para muchos fue un avance técnico, para ellas representó el fin de su único oficio. “¿Y ahora qué?”, se preguntaban con angustia.
La respuesta llegó con Raíces Creativas, una iniciativa impulsada por Surtigas y su Fundación Promigas, que convirtió la incertidumbre en posibilidad. “Les mostramos que con las mismas manos que producían carbón, podían crear belleza, memoria y sostenibilidad”, dice con orgullo Santiago Mejía, gerente general de Surtigas.
Aprovechando la contaminación por residuos plásticos que azota la isla, el proyecto enseña a reutilizar ese material para convertirlo en accesorios hechos a mano. Cada pieza —un collar, un arete, una decoración— cuenta una historia de Tierra Bomba, una memoria que ahora brilla en ferias nacionales como Farex 2025, donde las artesanas vendieron sus productos y vieron cómo su trabajo no solo era valioso emocionalmente, sino también económicamente.
“Yo decía que a mi edad ya no iba a aprender nada nuevo”, confiesa Nancy Cardales. “Y ahora me llaman artesana. No lo cambio por nada”.
El proyecto ha sido mucho más que una alternativa laboral. Para muchas, ha sido la oportunidad de redescubrirse, sentirse útiles y reconocidas. En sus talleres no solo hay herramientas, hay risas, historias, aprendizajes y una sororidad que alimenta el alma.
“Tierra Bomba nos recuerda que el desarrollo no solo se mide en cifras. Se mide en historias como estas, donde la energía no solo llega a los hogares, sino que transforma vidas”, afirma Marcela Dávila, directora ejecutiva de la Fundación Promigas.
Raíces Creativas hace parte de una estrategia más amplia que, solo en 2024, ha beneficiado a más de 2.000 personas en el Caribe colombiano con proyectos que dejan una Huella Social sostenible.
Hoy, Tierra Bomba ya no solo es sinónimo de paraíso turístico. Es un símbolo de lo que ocurre cuando la inversión social pone el foco en las personas, especialmente en aquellas que, incluso en el ocaso de sus años, deciden prender una nueva llama… esta vez, sin humo.





