Lo que para muchos es basura, para dos jóvenes cartageneros se convirtió en el punto de partida de una revolución verde impulsada por alas, lombrices y visión científica. Con el respaldo de Ecopetrol y la Universidad Nacional de Colombia, estos innovadores desarrollaron una tecnología que convierte desechos orgánicos en productos valiosos como proteína animal, abono orgánico y grasas para biodiésel, usando insectos como principales aliados.
La idea nació de forma sencilla, casi doméstica: aprovechar los residuos de la cocina. Pero gracias al programa Jóvenes 4.0: Innovando y Transformando Territorios, la semilla de curiosidad se transformó en Probiab, un proyecto empresarial que hoy promete cambiar la forma en que Cartagena de Indias maneja sus residuos orgánicos.
La tecnología se basa en una combinación estratégica de insectos: larvas de la mosca soldado negro, que producen proteínas y lípidos para biodiésel, y lombrices rojas californianas, expertas en transformar desechos en abono orgánico rico en nutrientes.

“Comenzó como una iniciativa para mi casa, pero hoy es un proyecto con potencial para impactar toda la ciudad”, dice Marco Ascanio, uno de los creadores y estudiante de ingeniería ambiental. “Gracias al acompañamiento de expertos y a la formación en el programa, ahora puedo ver la ciencia como una herramienta real para transformar mi entorno”.
Y no se detienen ahí. Marco y su compañero trabajan también en una app móvil que permitirá monitorear en tiempo real variables ambientales clave para el desarrollo óptimo de los insectos, como temperatura, humedad y niveles de residuos. Una solución tecnológica que complementa perfectamente esta apuesta por la economía circular.
Este proyecto no solo genera insumos valiosos, sino que se convierte en un modelo de cómo la ciencia puede nacer desde las comunidades. Ambos jóvenes viven en barrios cercanos a la refinería de Cartagena, un lugar donde las oportunidades muchas veces son tan escasas como las soluciones ambientales.
Juan Pablo Vélez, jefe Territorial Ambiental de la Regional Caribe de Ecopetrol, lo resume así: “Estamos sembrando ciencia en el territorio. Jóvenes 4.0 no solo forma talentos, sino que les da herramientas para resolver problemas reales desde lo social y lo ambiental”.
Desde 2023, más de 260 jóvenes cartageneros han pasado por el programa, explorando tecnologías digitales aplicadas a la transición energética y la sostenibilidad. A finales de este año, la meta es llegar a 380 jóvenes transformadores.
Lo que comenzó como una idea casera hoy es un ejemplo vivo de que los residuos no son el final del camino, sino el inicio de uno nuevo. Uno donde los insectos no son plagas, sino ingenieros ambientales, y donde los jóvenes no solo imaginan un futuro mejor, sino que lo construyen, con ciencia, innovación… y un puñado de lombrices.



