En una jugada que agita aún más las aguas en el ya convulso panorama del Gobierno Petro, la economista Rosa Villavicencio fue designada como canciller encargada tras la renuncia de Laura Sarabia. El relevo se produce en un momento de alta tensión política, marcado por las controversias en torno al nuevo contrato para la expedición de pasaportes, y mientras sectores de oposición advierten sobre la falta de transparencia en los cambios recientes al interior del Ministerio de Relaciones Exteriores.
«Hoy puedo decir oficialmente que mi tiempo en el Gobierno ha terminado», dijo Sarabia al salir de una reunión con el presidente Gustavo Petro en la Casa de Nariño. Visiblemente afectada, la exfuncionaria explicó que el proceso de empalme ya está en marcha con Villavicencio, quien hasta ahora ejercía como vicecanciller.
Sarabia había oficializado su renuncia el pasado 3 de julio, alegando motivos de “coherencia personal y respeto institucional”. Aunque no lo dijo abiertamente, su salida estaría ligada a desacuerdos profundos con el manejo del nuevo contrato de pasaportes, cuya licitación ha sido uno de los escándalos más sensibles para el Ejecutivo en lo corrido del año. La decisión de abandonar a Thomas Greg & Sons, empresa encargada del proceso durante años, y transitar hacia la Imprenta Nacional —con el apoyo técnico de la Casa de la Moneda de Portugal— ha sido interpretada por analistas como una apuesta arriesgada del presidente Petro, y como un movimiento que podría tener repercusiones jurídicas y diplomáticas.
La economista Rosa Villavicencio no es una figura nueva en el entorno petrista. Colombo-española, economista formada en la Universidad Cooperativa de Colombia, con estudios de posgrado en España, ha tenido una trayectoria vinculada a causas sociales y al trabajo con migrantes. Fue secretaria general de la ONG AESCO y pasó por la Secretaría Distrital de Gobierno en Bogotá en tiempos del progresismo local.
Su nombramiento ha generado reacciones encontradas: mientras sectores de izquierda celebran la llegada de una funcionaria alineada ideológicamente con el presidente, voceros de la oposición alertan sobre su cercanía con el régimen venezolano.
Si bien Villavicencio ha negado vínculos formales con el chavismo, en redes sociales defendió las elecciones de Venezuela en julio de 2023 como “legítimas”, una posición que incomoda a sectores diplomáticos más tradicionales.
Villavicencio hereda un ministerio en crisis. El contrato actual con Thomas Greg & Sons vence el próximo 1 de septiembre. A menos de dos meses del plazo, no hay claridad sobre el esquema operativo ni las garantías técnicas y de seguridad que ofrecerá el nuevo proveedor. La Procuraduría y la Contraloría han elevado alertas sobre la improvisación en el proceso, mientras asociaciones de colombianos en el exterior advierten que podrían verse afectados por la interrupción del servicio.
El escenario es complejo: si bien el Gobierno busca recuperar la soberanía sobre un negocio estratégico, las decisiones tomadas hasta ahora han sembrado más dudas que certezas. Y ahora, con la salida de Sarabia, el país pierde una figura que en medio de controversias había logrado mantener cierto equilibrio entre los sectores técnicos y políticos de la Cancillería.
La llegada de Villavicencio no es neutra. Su perfil, su militancia y su respaldo al ideario de Colombia Humana marcan un giro hacia una Cancillería más alineada con el discurso presidencial, pero también más expuesta a la crítica. La pregunta es si, en medio del reloj corriendo hacia septiembre, su designación es una solución o un factor que profundizará la crisis.
El país observa con inquietud. En medio del silencio del Congreso y los cuestionamientos de los gremios, Rosa Villavicencio tendrá que demostrar no solo capacidad de gestión, sino también la independencia suficiente para liderar un ministerio clave sin que se perciba como una simple extensión del Ejecutivo.
¿Un reemplazo técnico o una ficha política? Esa es la pregunta que flota en el ambiente y que marcará, sin duda, el tono de su breve —o larga— permanencia en la Cancillería.



