Las históricas murallas de Cartagena de Indias, símbolo de la resistencia y orgullo patrimonial de la ciudad, recuperaron parte de su esplendor. Un total de 6.352 metros cuadrados de superficie quedaron libres de costra negra, tras una minuciosa intervención liderada por la Escuela Taller Cartagena de Indias (Etcar).
La limpieza, ejecutada por técnicos egresados de la propia institución, se concentró en el tramo comprendido entre el baluarte San Francisco Javier y el baluarte de Santa Catalina, en el tradicional sector de La Tenaza, una de las zonas más afectadas por vientos salinos, humedad, lluvias ácidas y smog urbano, que favorecen la formación del biofilm y la posterior costra negra.
El procedimiento, parte del Plan Anual de Mantenimiento de las Fortificaciones, aprobado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y se desarrolló bajo estrictos protocolos de seguridad. Un profesional SISO acompañó cada fase de la labor, desde el armado de andamios hasta la limpieza final, garantizando el bienestar de los trabajadores y la integridad de los muros.

La limpieza se realizó con técnicas no abrasivas: cepillos de cerdas plásticas, agua con jabón neutro y enjuague manual, siempre bajo la vigilancia de arquitectos especialistas en restauración y un maestro experto. Este trabajo artesanal busca preservar la textura y los materiales originales de las fortificaciones, evitando cualquier daño adicional.
Mario Zapateiro Altamiranda, coordinador de la división de Obras de la Etcar, explicó que la costra negra se forma cuando microorganismos como líquenes y algas mueren y se acumulan en las oquedades de los muros, deteriorando su estructura interna. «Si no se retira, la superficie puede debilitarse progresivamente», advirtió.
Por su parte, la directora de Etcar, Sandra Schmalbach Pérez, subrayó que esta limpieza hace parte del compromiso institucional de realizar mantenimientos cíclicos cada dos o tres años, especialmente en áreas expuestas a condiciones ambientales agresivas como las que bordean la avenida Santander. “Este trabajo no solo embellece las murallas, sino que prolonga su vida útil y reafirma el compromiso de Cartagena con la protección del Patrimonio Mundial declarado por la UNESCO”.



