La desaparición de Tatiana Hernández, estudiante de Medicina de 23 años, no solo se ha convertido en una tragedia familiar, sino en una muestra alarmante del abandono investigativo y la fragilidad de la justicia en Colombia, incluso cuando los casos ocurren a plena luz del día y en zonas turísticas vigiladas.

Tatiana desapareció el 13 de abril tras salir del Hospital Naval de Bocagrande, en Cartagena de Indias, donde hacía sus prácticas. Aquel día, según se dijo, salió a «tomar aire» y fue vista por última vez en la Avenida Santander. Desde entonces, nada. Solo restos: unas sandalias, su celular y una versión oficial que muchos califican de absurda: que se habría arrojado al mar voluntariamente.
- ¿La verdad está bajo el agua… o bajo la alfombra?
¿Puede una joven sana, con sueños, sin antecedentes de depresión y con una familia amorosa, simplemente lanzarse al mar sin dejar señales claras? ¿Puede el hallazgo de unos objetos personales ser suficiente para construir una hipótesis que ha monopolizado toda la investigación?
¿Dónde están los videos de seguridad, las declaraciones clave, el análisis de contexto? ¿O acaso se está encubriendo algo más grande?
La Fiscalía dice que busca en el mar con un robot 3D de última tecnología. ¿Y qué ha encontrado? Nada. Absolutamente nada. ¿Pero por qué ese despliegue llegó tres meses después? ¿Por qué no se activaron todos los recursos desde el primer día?
“No nos informan nada, nos enteramos de lo poco que hacen cuando ya está hecho. Solo repiten que todo es material probatorio. Pero no hay avances. Es como si no quisieran encontrarla”, declaró Carlos Hernández, padre de Tatiana, con voz quebrada y rabia contenida.
- Una línea descartada sin fundamento: ¿y si fue un rapto?
Desde el primer momento, los padres de Tatiana han sostenido que su hija no se quitó la vida ni desapareció voluntariamente. Ellos creen firmemente que fue víctima de un posible rapto o secuestro. ¿Por qué esa línea no ha sido trabajada con la misma intensidad? ¿A qué le temen las autoridades?
¿Quiénes estaban en la zona ese día? ¿Qué autos pasaron? ¿Qué turistas se alojaban en los hoteles cercanos? ¿Qué trabajadores vieron algo?
- 200 millones… ¿para la foto?
La Alcaldía de Cartagena mantiene una recompensa de 200 millones de pesos por información veraz sobre el paradero de Tatiana. Pero ¿Qué se ha hecho para difundirla? ¿Dónde están los afiches, los mensajes en medios, las campañas digitales, la presión a nivel nacional? ¿Es esa recompensa una medida real o solo un número bonito en un boletín de prensa?
- ¿Y la Fiscalía? ¿Y la Alcaldía? ¿Y el Estado?
En un país donde desaparecen jóvenes sin dejar rastro, la lentitud y el secretismo con que se maneja el caso Tatiana Hernández resulta indignante. ¿Por qué tanta demora en resultados? ¿Por qué la investigación parece caminar con los pies atados? ¿Y por qué pareciera que la verdad molesta?
Tres meses de angustia. Tres meses de silencio institucional. Tres meses sin respuestas. Cartagena sigue sin respuestas. Y Colombia entera debería alzar la voz. Porque lo que está ocurriendo no solo es una desaparición, es un reflejo del abandono estatal, de la desconfianza institucional y de la impunidad disfrazada de procedimiento. Tatiana no está perdida. Está siendo ignorada. Y la pregunta sigue siendo un grito: ¿Dónde está Tatiana Hernández?



