El aumento de casos de tos ferina en Colombia ha encendido las alarmas entre expertos en salud pública y pediatría, quienes advierten que la vacunación incompleta, especialmente en niñas y niños menores de un año, está detrás del repunte de esta enfermedad prevenible.
Según datos del Ministerio de Salud, hasta mediados de junio se han notificado 3.111 casos probables de tos ferina en el país, de los cuales 427 fueron confirmados, y siete menores han muerto, tres de ellos en comunidades indígenas. Las zonas más afectadas son Bogotá, Antioquia, Cundinamarca y Huila.
La disminución sostenida de las coberturas vacunales tras la pandemia ha debilitado las barreras de protección comunitaria. Municipios con altas tasas de pobreza y difícil acceso a servicios de salud, como algunos del Amazonas y comunidades indígenas, presentan coberturas de vacunación inferiores al 50%, según el Observatorio de Salud Pública y Epidemiología.
“La tos ferina estaba controlada gracias a la vacunación. Su reaparición muestra un retroceso crítico en salud pública”, advirtió María Catalina Sánchez, codirectora de la Maestría en Salud Pública de la Universidad del Rosario. La experta subrayó que la baja adherencia al esquema de inmunización no solo refleja falencias técnicas, sino profundas brechas sociales y territoriales.
La enfermedad, que inicia con síntomas similares a una gripa común, es altamente contagiosa en su fase inicial, lo que facilita su propagación silenciosa en hogares y entornos escolares. A medida que progresa, puede causar ataques severos de tos, vómito y pausas respiratorias, especialmente peligrosas en menores de un año.
El esquema de vacunación incluye cinco dosis: tres durante el primer semestre de vida, una a los 18 meses y otra a los 5 años. En Bogotá, la Secretaría Distrital de Salud ha adelantado el inicio de la primera dosis a las seis semanas de vida, para brindar protección más temprana.
El pediatra José Miguel Suescún Vargas, jefe del Departamento de Pediatría de la Universidad del Rosario, insistió en la necesidad de vacunar a tiempo y reforzar el seguimiento médico infantil. También recomendó vacunar a las gestantes a partir de la semana 26 de embarazo, para proteger al recién nacido desde el nacimiento.
Los expertos hicieron un llamado a las autoridades nacionales y territoriales para implementar estrategias diferenciadas por regiones y grupos poblacionales, especialmente en zonas rurales e indígenas. También advirtieron sobre la necesidad de formar profesionales en salud pública capaces de anticipar riesgos y liderar respuestas integrales desde los territorios.
“El brote actual no solo es un desafío sanitario, sino una oportunidad para fortalecer la equidad en el acceso a la salud y recuperar la confianza en los programas de vacunación”, concluyó Sánchez.



