Con el eco ancestral del tambor y el colorido vibrante de las danzas tradicionales, Hatillo de Loba abre sus puertas al país para celebrar una de las expresiones más profundas de la cultura afrocaribeña: el XXIV Festival de Tamboras y Danzas, un evento que no solo convoca a artistas y agrupaciones, sino también el alma de un territorio que resiste, canta y recuerda.
Durante los días 24 y 25 de julio, las calles de este municipio del sur de Bolívar se transformarán en un escenario vivo de memoria, oralidad, danza y espiritualidad, con la participación de colectivos culturales locales, regionales y nacionales. El festival, más que una fiesta, es un acto ceremonial y una reafirmación del ser colectivo de los pueblos afrodescendientes del Caribe colombiano.
El tambor no es solo música. Es un instrumento de comunicación entre generaciones, un puente entre lo sagrado y lo cotidiano. En Hatillo de Loba, el golpe del cuero convoca la historia de los ancestros, de los cimarrones, de las parteras, de las abuelas sabias, de los cantos de trabajo y de cuna. En cada toque resuena la dignidad de un pueblo que ha hecho del arte una herramienta de resistencia cultural.
“En cada tambora, en cada paso de danza, en cada vestuario lleno de historia, vive el legado de nuestros mayores”, expresaron desde la Alcaldía. “Este festival es una herencia viva, que se transmite con orgullo a las nuevas generaciones y se defiende con amor y creatividad”.
El Festival de Tamboras y Danzas, que nació hace casi tres décadas gracias al impulso de las propias comunidades, ha evolucionado hasta convertirse en un referente nacional del patrimonio cultural inmaterial, reconocido por su autenticidad y capacidad de reunir los saberes más profundos del Caribe afrocolombiano.
Organizado por la Alcaldía de Hatillo de Loba, bajo el liderazgo del alcalde Robinson Fernández Astorga, el evento se erige como un símbolo de identidad colectiva y resistencia territorial en un contexto donde muchas expresiones culturales están siendo desplazadas o silenciadas por la homogeneización cultural.
“No es solo un evento para mostrar el arte. Es una reafirmación de nuestra identidad, un acto de defensa del alma cultural de nuestro pueblo”, afirmó el alcalde. “Aquí el arte no es entretenimiento, es raíz, es historia, es fuerza viva”.
Con sus danzas rituales, cantos tradicionales, vestuarios llenos de simbolismo y participación comunitaria, el festival representa una pedagogía popular que forma, emociona y transforma. No es casual que muchas niñas y niños del pueblo aprendan a bailar antes que a leer: el cuerpo también es archivo, la música también es escuela.
Quienes lleguen a Hatillo de Loba durante estos dos días, vivirán una experiencia inmersiva, donde cada presentación es una ofrenda, y cada expresión artística, una defensa de la vida. Desde los tambores hasta las narraciones orales, el festival recupera el lugar de la cultura como fuerza comunitaria y espiritual.
Además de la programación artística, habrá encuentros pedagógicos, espacios de reflexión sobre memoria y territorio, y ferias de saberes y sabores tradicionales, donde el visitante podrá conectarse con el sentir profundo de esta región.
En tiempos donde el olvido avanza y las expresiones culturales se ven amenazadas por la indiferencia o el espectáculo vacío, el Festival de Tamboras y Danzas de Hatillo de Loba se mantiene firme como una declaración cultural de dignidad, arraigo y futuro.
Este 24 y 25 de julio, el Caribe no solo suena: vibra desde el corazón de Hatillo de Loba. Y en ese latido está la historia viva de un pueblo que no se rinde.



