Cartagena no solo está perdiendo su encanto entre turistas y locales, también está perdiendo vidas. Y lo hace a un ritmo escalofriante. A 19 meses de mandato, el alcalde Dumek Turbay Paz ha dejado que su gran promesa —la seguridad— se convierta en un espejismo mientras la violencia urbana avanza sin freno por todos los rincones de la ciudad.
La Constitución es clara: el artículo 11 protege el derecho a la vida como inviolable. Pero en Cartagena, ese derecho se viola a diario, mientras la institucionalidad permanece sorda, ciega y muda. La Corte Constitucional ha sido enfática: la inacción del Estado frente a amenazas concretas puede convertirse en una forma directa de violar el derecho a la vida. En esta ciudad, esa advertencia ya no es un riesgo: es una realidad diaria.
Bajo la administración de Turbay, lejos de contenerse, la violencia ha escalado. En 2023, último año del alcalde William Dau, se reportaron 368 homicidios. Pero en 2024, primer año completo del gobierno actual, la cifra subió a 381 asesinatos. ¿La diferencia? 13 muertes más. Una escalada del 3,5%, mientras el discurso oficial repite que la seguridad “es prioridad”.
¿Y qué ha pasado en lo que va de 2025? Nada alentador. Entre enero y junio, Cartagena ha contado 148 homicidios, un promedio aterrador de 0,8 asesinatos por día. Junio fue el mes más sangriento: 37 homicidios, un 32% más que en mayo, cuando ocurrieron 28. ¿Y qué hizo la Alcaldía? Lo de siempre: promesas vacías, ruedas de prensa y operativos mediáticos sin impacto real.
El 65% de los asesinatos están directamente ligados a sicariatos, microtráfico y ajustes de cuentas. El otro 35% se reparte entre riñas, robos y violencia intrafamiliar. Barrios como Olaya Herrera, El Pozón, La María y El Campestre son hoy zonas de guerra. En la Cartagena profunda, la ley la imponen las balas.
Al 17 de julio, la ciudad ya acumulaba 15 homicidios en ese mes, manteniendo ese perverso promedio diario de casi una víctima mortal. Si no hay un giro radical, julio terminará peor que el año pasado, cuando cerró con 28 asesinatos.
Mientras tanto, el alcalde repite discursos de resultados que no se ven y se aferra a excusas que ya no convencen. La ciudadanía, que creyó en su “Plan Titan24”, hoy vive atrapada entre el miedo y la frustración. Cartagena se desangra, y sus autoridades no solo no actúan: parecen resignadas a mirar cómo se desmorona la vida en sus barrios.



