El reciente informe de Cartagena Cómo Vamos (CCV) desnuda con cifras el verdadero rostro de la ciudad tras dos décadas de seguimiento.
🔴 Demografía: cada vez menos niños, más entierros | Cartagena envejece, y lo hace en silencio. La natalidad se desplomó un 18% en un solo año y las defunciones siguen al alza. El desafío es claro: las políticas deben dejar de mirar al pasado y empezar a preparar un presente menos juvenil y más vulnerable.
🔴 Educación: mejora sin músculo | Aunque el puntaje de las pruebas Saber 11 subió y el 85% de los colegios mejoró, Cartagena sigue siendo la peor calificada entre las seis grandes ciudades del país. La matrícula cayó, la deserción no cede y las brechas siguen abiertas como heridas que no terminan de cerrar.
🔴 Salud: entre milagros y alarmas | Sí, cero muertes maternas en 2024. Un logro histórico que se aplaude. Pero también hay retrocesos peligrosos: bajaron las tasas de vacunación en menores, una bomba de tiempo para la salud pública. El dengue volvió con fuerza (6.670 casos) y la mortalidad infantil no mejora. Mientras tanto, más de la mitad de los cartageneros dependen del régimen subsidiado. ¿De qué nos sirve crecer si no podemos cuidar a nuestros niños?
🔴 Empleo: sin esperanza para jóvenes ni mujeres | Cartagena lidera el desempleo entre las grandes ciudades. Una vergüenza. La tasa juvenil llegó a un brutal 23,7% y la de mujeres a 17%. La informalidad bajó, pero el desaliento crece. Hay menos oportunidades, menos futuro y más frustración.
🔴 Seguridad: los muertos no mienten | Mientras se habla de turismo y progreso, la ciudad registró su tasa de homicidios más alta en 20 años: 381 asesinatos, 83% con arma de fuego, 88% sin identificar al asesino. Un panorama que da miedo, con la extorsión subiendo 46% y los sicarios imponiendo su ley. Cartagena arde, y no es precisamente por el sol.
🔴 Servicios públicos: la otra cara de la “cobertura” | Aunque se superan coberturas del 90% en agua y energía, el internet fijo sigue estancado en un 20%, una cifra vergonzosa en la era digital. Y la tarifa de energía alcanzó su tope histórico, duplicando la de 2017. ¿Quién puede vivir dignamente con estos costos?
🔴 Infraestructura y movilidad: lentitud crónica | El sistema de transporte masivo va cada vez más lento, y los accidentes —en su mayoría con motos— se disparan. La ciudad recupera espacio público, pero el 41% no está cualificado. ¿Progreso? Solo en papeles.
🔴 Turismo: récords, pero con grietas | Sí, llegaron más turistas que nunca. Pero la ocupación hotelera cayó por la informalidad galopante de viviendas turísticas sin control. Cartagena brilla, pero con sombras detrás del decorado.
🔴 Economía: números inflados, estómagos vacíos | Aunque los ingresos fiscales crecieron, el PIB apenas se movió: un insignificante 0,2%. La ciudad se sigue sosteniendo por las transferencias nacionales, demostrando una economía débil, dependiente y sin rumbo claro.
Eliana Salas Barón, directora del programa lo dijo sin rodeos: “El reto es traducir el repunte en sectores estratégicos en mejoras reales para la vida de las personas”. Pero la realidad es que Cartagena sigue atrapada entre la retórica del desarrollo y la crudeza de sus rezagos estructurales.
La Heroica no puede seguir siendo una ciudad de contrastes bellos para el visitante y dolorosos para el habitante. La próxima década debe dejar de ser de informes y pasar a ser de resultados. De lo contrario, el fuego social que se enciende en los barrios terminará consumiendo los salones alfombrados del poder.




