Una ola de destrucción se desató en la tarde del jueves sobre los municipios de Arjona y Turbaco, cuando un vendaval, acompañado de intensas lluvias, sacudió el norte de Bolívar con furia. Las ráfagas de viento arrancaron techos, tumbaron árboles, colapsaron redes eléctricas y dejaron a centenares de personas a oscuras, en medio de una emergencia que activó todas las alarmas.
El fenómeno, según reportó la empresa iClima, fue originado por la aproximación de una onda tropical al Caribe colombiano, lo que disparó los niveles de precipitación y generó un evento atmosférico de alta intensidad que tomó por sorpresa a miles de ciudadanos al filo de las 6:00 p.m.
En el municipio de Arjona, los sectores Las Parcelas, Las Delicias, San Rafael de La Cruz y La Cruz resultaron duramente afectados. De acuerdo con la Oficina Municipal de Gestión del Riesgo, al menos 15 viviendas sufrieron daños estructurales, principalmente en sus cubiertas. La evaluación aún está en curso, mientras las autoridades realizan un censo casa por casa para identificar a todas las familias damnificadas.
“Los techos volaron. El viento se llevó todo y el agua se metió sin piedad”, relató con angustia un habitante del barrio Las Parcelas. En redes sociales circularon imágenes de tejados en el suelo, árboles atravesando calles y cables eléctricos caídos como serpientes peligrosas sobre el pavimento.
El vendaval también provocó el colapso de varios circuitos eléctricos, dejando sin servicio a amplios sectores de Arjona, Turbaco y Turbana. La empresa Afinia confirmó afectaciones en los circuitos Gambote 1, Gambote 5, Gambote 6 y Ternera 13, que alimentan tanto zonas urbanas como rurales.
“Nuestros técnicos iniciaron labores ininterrumpidas desde el primer momento para restablecer el servicio. La prioridad es garantizar la seguridad de nuestros usuarios”, informó Afinia en un comunicado, sin especificar aún el número total de hogares afectados ni el tiempo estimado de recuperación total.
Los organismos de gestión del riesgo se mantienen en alerta máxima, evaluando posibles daños adicionales en infraestructura, zonas rurales y escuelas. La población, por su parte, exige mayor preparación y respuesta ante eventos que, con el cambio climático, se están volviendo cada vez más frecuentes y violentos.



