El pesista cartagenero Sebastián Olivares no solo acaba de hacer historia al proclamarse campeón panamericano y establecer un récord mundial en el Campeonato Panamericano de Levantamiento de Pesas en Cali. Su triunfo también es una cachetada simbólica a las instituciones deportivas de Bolívar que, en su momento no le dieron el suficiente apoyo.
A sus 20 años, este joven nacido y criado en el humilde barrio Loma Fresca de Cartagena de Indias ha logrado lo que muchos sueñan y pocos alcanzan: conquistar el podio internacional, levantar 191 kilogramos en la categoría de 71 kg y convertirse en el segundo mejor del mundo, solo superado por el japonés Masanori Miyamoto.
Pero su camino no fue trazado desde la comodidad de apoyos locales. Fue en el departamento del Tolima donde Sebastián encontró las puertas abiertas, el acompañamiento técnico y el respaldo institucional para continuar su proceso deportivo. Mientras tanto, en Bolívar, el IDERBOL bajo la dirección de Ariel Zambrano no creyó en él, no lo apoyó, y lo dejó ir.
Sebastián regresó a Cartagena y fue recibido con honores por su comunidad. Un carro de bomberos lo condujo hasta su hogar en Loma Fresca, donde vecinos y familiares celebraron su hazaña. Fue un homenaje popular, nacido del cariño de su gente.
Olivares brilló en el Coliseo Miguel Calero de Cali, donde consiguió tres medallas de oro y un récord mundial en envión (191 kg). También logró el total más alto (337 kg), dejando atrás a competidores de Venezuela, México, Ecuador y otros países con tradición pesista. Colombia se consolidó como potencia en esta disciplina, y Sebastián fue el rostro de ese dominio.
- Una gestión cuestionada
El caso de Sebastián Olivares reabre una vieja herida: la desconexión entre el talento deportivo de Bolívar y la capacidad institucional para potenciarlo. Mientras departamentos como Tolima identifican, apoyan y proyectan a sus jóvenes atletas, Bolívar continúa perdiendo promesas por falta de inversión, visión y voluntad política.
El Instituto Departamental de Deportes y Recreación de Bolívar (IDERBOL), durante la gestión de Ariel Zambrano, no vio en Sebastián Olivares una promesa, ni brindó el respaldo necesario para su desarrollo. Hoy, ese mismo atleta al que ignoraron es campeón panamericano, récord mundialista y símbolo nacional.
- ¿Cuántos más deben emigrar?
La historia de Olivares no es única. Muchos jóvenes deportistas bolivarenses se ven obligados a buscar en otras regiones lo que no encuentran en casa: respaldo, recursos y oportunidades. Y mientras eso sucede, el discurso oficial se llena de cifras, pero no de resultados.
Hoy Bolívar debería celebrar un triunfo propio, pero en realidad celebra —con vergüenza institucional— un triunfo que el Tolima hizo posible.
Que no se equivoquen los titulares ni los aplausos tardíos. El mérito es exclusivo de Sebastián Olivares, de su familia y de quienes creyeron en él cuando el sistema local lo abandonó. Su historia es un campanazo urgente de lo que se pierde cuando la política deportiva funciona más como vitrina que como motor.




