Lo que prometía ser una noche de celebración musical terminó convertido en un llamado urgente de atención. La presentación del cantante vallenato Haffit David, programada para la noche del sábado 26 de julio en el municipio de Calamar, Bolívar, estuvo a punto de convertirse en tragedia cuando parte del escenario colapsó a causa de un fuerte vendaval que azotó la zona.
Aunque no se reportaron heridos, el incidente ha despertado serias dudas sobre la seguridad, la planificación y el rigor técnico con el que se organizan espectáculos públicos en el país, especialmente en municipios donde la regulación muchas veces queda relegada por la improvisación.
En un video que rápidamente se hizo viral, se observa el momento en que una fuerte ráfaga de viento sacude la estructura metálica, provocando la caída de una pantalla gigante y parte del techo del escenario, a pocos metros del público y del equipo de producción. Algunos asistentes relataron entre lágrimas que estuvieron a centímetros de ser impactados por los elementos colapsados.
La rápida reacción del equipo técnico permitió evacuar la zona y suspender el evento de forma inmediata. Haffit David, quien se encontraba sobre la tarima, también logró salir ileso. Más tarde, publicó un mensaje en sus redes sociales: “Siempre con nosotros, papá Dios”.
Aunque se trató de un fenómeno climático imprevisto, las preguntas son inevitables:
- ¿Contaba la estructura del escenario con las certificaciones necesarias?
- ¿Se realizaron inspecciones técnicas previas al evento?
- ¿Había planes de contingencia en caso de emergencias?
La Alcaldía de Calamar anunció que abrirá una investigación para esclarecer estos interrogantes, mientras que las autoridades recordaron que estamos en plena temporada de lluvias y vientos en la región Caribe, lo que obliga a redoblar las medidas de seguridad en eventos masivos.
“No podemos seguir dejando la seguridad al azar o a la voluntad divina”, comentó un ingeniero, tras revisar las imágenes del accidente. “Los conciertos deben contar con estructuras certificadas, análisis de riesgos climáticos y personal capacitado en evacuación”.
El episodio también pone sobre la mesa la fragilidad de la infraestructura cultural y de entretenimiento en muchas zonas del país, donde los espectáculos populares dependen, en gran medida, de contratistas que operan sin estándares uniformes o sin control riguroso.
El concierto de Calamar no puede quedar en la anécdota. Es momento de exigir:
- Revisión nacional de normativas para escenarios temporales.
- Supervisión obligatoria de estructuras antes de cada show.
- Planes de evacuación y prevención obligatorios, con personal capacitado.
- Responsabilidad contractual de los organizadores ante fallas técnicas.



