“La libertad no es propiamente deshacerse de las cadenas, sino vivir para potenciar la libertad.” —Nelson Mandela.
Eso es lo que ha hecho Uribe durante su batalla: preservar la democracia y mantenernos en libertad. Pero la ingratitud se autocastigará bebiendo después del veneno que ellos mismos prepararon. A todo cerdo le llega su San Martín. Esa sentencia no está lejos para los ingratos y desagradecidos.
Petro fue elegido democráticamente por el voto y la determinación de la juez presuntamente es producto de un Estado en donde supuestamente funciona la democracia, lo cual obliga a la funcionaria a fallar con libertad, justicia y equilibrio.
Pero… de la teoría a la práctica hay mucha distancia, o como dicen popularmente: del dicho al hecho, hay mucho trecho. Por ello, no solo dudo de la imparcialidad de la juez, sino también de su cuestionada decisión, que estaba a buen cálculo para convertir en candidato al Dr. Iván Cepeda, por el progresismo. No se les ocurra pensar en el diablo que se dedica a predicar en las cárceles y, después, se pone a fabricar hostias. Ese es el dueño del averno.
Parece que la venda que tapa los ojos de algunos impartidores de justicia (con muchas excepciones, aclaro) tiene un pequeño hueco que no la hace ciega, sino selectiva y prevaricadora. Por ello, los resultados nos dejan perplejos.
Petro fue indultado, y así lo demostró Uribe. ¿Qué significa ser indultado? Respuesta: es retornarle al ciudadano infractor y delincuente todos sus derechos; es una especie de perdón social, hasta dejarlo en cero kilómetros, es decir, como nuevo. Por eso, PETRO ES PRESIDENTE.
Pero a esa misericordia que consagra la ley le falta un “pero”, apreciados lectores: si Petro viola la Constitución, las leyes, los topes electorales, y además —como dicen— es adicto a las drogas, según informaciones de algunas fuentes de segura credibilidad, pierde su condición de indultado y debe ser procesado. ¿Por qué eso no ha ocurrido? Sencillamente porque la venda con huecos de la mala justicia impera, y a esta se suman los que usan una máscara para el ejercicio de la política de partidos, que, por interés, se venden como prostitutas. Por eso ocultan el rostro y la personalidad, para hacer, deshacer, negociar y cambiar. Se venden al mejor postor. Por ello, el país debe estar atento y apoyar en lo bueno a quien ocupe la presidencia del Congreso, y denunciar cuando asuma un camino indebido.
Hay muchos arlequines que sirven de calanchines, y hábiles avivatos que se filtran para torcerle el cuello a la ley. ¿No les parece raro que la Cámara de Representantes aún no se haya pronunciado sobre los topes electorales?
Vale la oportunidad recordar que las paradojas y las ambigüedades han reinado algunas veces en la justicia colombiana. Han generado incertidumbre de inevitable preocupación, especialmente porque se supone que la justicia debe ser el templo sagrado de la equidad y del ejercicio del derecho puro, el que hoy claramente está influido por lo político. Es decir, se falla más en política que en derecho.
Recuerden lo que se dijo de la misma Corte Suprema sobre aquellos que desearon condenar a URIBE: invalidaron el contenido del computador del terrorista REYES, y dicen las buenas lenguas que aparecía allí el nombre de Iván Cepeda y del invidente-vidente Santrich. Este último terminó libre por obra y gracia de otro huequito en la venda.
Es que el gobierno de Petro está lleno de huecos por todos los lados. ¿Qué vaina, no? El presidente y su estilo de mandato crearon una angustia existencial nacional tan notoria que tiene al país enredado y casi maniatado, impidiéndole reaccionar. Nos convertimos en espectadores, no en actores. Eso es triste y grave.
Lástima que Miguel Uribe se confió pensando que el gobierno de Petro, por lo menos, era humano y garante de la libre expresión. Como de otra parte, Álvaro Uribe creyó que el país que vivió su buen gobierno le fuera agradecido, que reaccionaría en forma contundente.
La ingratitud es una actitud que desagrada a Dios, dice la Biblia. Y acá, entre parroquianos y coloquialmente hablando, los estimo como simples proyectos humanos que se quedaron en un embrión mal conformado y que finalmente nacieron para hacer el mal.
La frase “Petro es libre y Uribe sin libertad” la motivan los antecedentes del primero, que fue absuelto por indulto; gesto que hoy vemos como un acto de ceguera y de grave error, pues el daño a la honra del país es irreparable, y el daño a la economía será de muy largo plazo.
En un país al que hoy no solo se le acuña el título de cafre, le puedo agregar la sentencia de Gabriel Calvo Pasos, cartagenero, heredero conversacional del Tuerto López, quien le dedicó a la Heroica, en un momento en que la ciudad se había achicopalado: “Cartagena no da ni quita honra”.
Hoy, esa frase es extensiva a Colombia. Así está la patria: gobernada por cafres que deshonran su tradición republicana y olvidaron a los que por ella reivindicaron su prestigio, como así lo hizo en ocho años Álvaro Uribe Vélez, con más aciertos que errores.
Si alguien dice que Petro ha gobernado bien, no deja de ser un chiste —de esos que no llegan ni a desabridos—, pero que sí se quedan en la esfera risueña de los mentecatos que todo lo festejan. La resultante de este drama de trágico montaje es que convirtieron a Uribe en un héroe universal y en merecedor del Premio Nobel de Paz (¡deben dárselo!). Y gracias a la juez y al senador Iván Cepeda, se consolida y fortalece la unión de la oposición: Todos contra Petro. Uribe inocente. ¡Viva Uribe!



