En medio del escepticismo político que tanto daño ha hecho a la democracia local y nacional, hay brotes de esperanza que nacen del entusiasmo juvenil. En Sincelejo, un grupo de jóvenes decididos y valientes ha tomado la iniciativa de participar en los próximos comicios de los Consejos Municipales de Juventud, previstos para octubre. Ellos son Milagros Muñoz, Diego Andrés Buelvas, Eliana Caballero García, Robert Luis Chávez, María de los Ángeles Fuentes, Luis Fernando Mercado y Kelly Zapata, todos entre los 20 y 24 años, quienes han puesto sus nombres a consideración de los jóvenes entre 14 y 18 años de la ciudad y sus zonas corregimentales, con una convicción clara: oxigenar la política de la capital sucreña.
Avalados por el partido Oxígeno, esta nueva generación de líderes ha entendido que sin oxígeno no hay vida, y que la política de Sincelejo necesita, con urgencia, una bocanada de aire fresco. Su lema, sencillo pero poderoso, resume bien sus intenciones: “Oxigenemos la política de Sincelejo. Sin oxígeno no hay vida, y llegamos para hacer el cambio.” No se trata de un eslogan vacío, sino de una declaración de principios.
A diferencia de otras campañas juveniles, cuya esencia tristemente se ha contaminado por las viejas prácticas clientelistas, estos jóvenes han asumido su candidatura con la honestidad de quien quiere servir, no servirse. Con recursos propios y el apoyo de amigos y familiares, vienen ejecutando acciones visibles y concretas en favor de sus comunidades. Han reparado parques, adecuado espacios para el encuentro social y la recreación; han intervenido canchas deportivas, promoviendo el deporte como alternativa frente a la violencia y la drogadicción; han liderado jornadas de limpieza en zonas críticas aledañas a arroyos peligrosos, mitigando riesgos de salubridad; y han brindado apoyo a instituciones educativas de la zona rural y de la periferia de la ciudad, demostrando que el trabajo comunitario es más efectivo que cualquier discurso.
Su activismo ha sido tan genuino como su compromiso. Por eso, no es extraño que el partido Oxígeno, antes de entregar su aval, realizara un estudio detallado del perfil de cada uno de estos jóvenes, confirmando que en ellos habita una vocación social real y una voluntad decidida de transformar la política desde lo local. No son hijos del poder, ni herederos de caciques electorales. Son jóvenes del pueblo, con las botas embarradas de realidad y el corazón encendido de esperanza.
En contraste con sus acciones, hay comentarios que deberían poner en alerta a las autoridades electorales. Se dice, en voz cada vez más alta, que en otras campañas se están ofreciendo treinta, incluso hasta cincuenta mil pesos por voto. Si esta es la lógica que se impone en unas elecciones juveniles, que deberían ser ejemplo de transparencia y renovación, ¿Qué podemos esperar de las elecciones tradicionales? Es una pregunta inquietante, pero necesaria.
Y aquí vale la pena hacer una breve pero clara explicación sobre qué son los Consejos Municipales de Juventud. Estas instancias de participación, creadas por la Ley Estatutaria 1885 de 2018, con sus modificaciones y decretos reglamentarios, buscan garantizar que los jóvenes entre los 14 y 28 años tengan un espacio formal de incidencia en la vida pública. Elegidos por sus pares, los consejeros municipales de juventud tienen entre sus funciones representar los intereses de los jóvenes ante la administración municipal, participar en la formulación de políticas públicas juveniles y ejercer control político sobre las decisiones que afecten a esta población.
Esto significa que estos jóvenes no solo serán voceros de su generación, sino también veedores del cumplimiento de los compromisos que las autoridades locales asumen con la juventud. Es, en definitiva, una escuela de democracia y una plataforma de liderazgo social. Por eso es tan importante que quienes lleguen a estos espacios lo hagan con un verdadero sentido de responsabilidad.
La apuesta de Milagros, Diego Andrés, Eliana, Robert Luis, María de los Ángeles, Luis Fernando y Kelly no es menor. Ellos quieren demostrar que sí se puede hacer política limpia, honesta y cercana a la gente. Que la juventud no es solo el futuro, sino también el presente. Que no todo está perdido, y que todavía hay jóvenes que no se venden, no se rinden y no se cansan.
Sincelejo necesita ese oxígeno. No como una metáfora, sino como una urgencia vital. Porque en medio del clientelismo, la corrupción y la apatía, ellos representan una alternativa real. Una luz entre tanta sombra. Un nuevo aire para una política que, hasta ahora, ha estado asfixiada.




