A Petro no lo sigue el pueblo; lo acompaña, sí, una muchedumbre de irresponsables que, por dádivas, se hacen sentir porque emplean la violencia verbal y física.
Las multitudinarias manifestaciones en todo el país el pasado 7 de agosto, en apoyo a la inocencia de Uribe y el atentado a Miguel, demuestran que el uribismo y su Centro Democrático, así como la oposición diversa, están en contra de Petro y siguen creciendo vertiginosamente. El pueblo silenció a la muchedumbre.
Señores soldados, infantes de marina, policías, oficiales y todos aquellos que, por mérito y dignidad, hacen valer sus rangos que hoy ostentan, en los que debe prevalecer el respeto al sistema jerárquico pero siempre al amparo y cumplimiento de la Carta Magna, y no a los caprichos y abusos del presidente o de uno que otro oficial descarriado que olvidó la doctrina, el juramento a la lealtad, al deber y al respeto a la Constitución, y que por conveniencia se cambió o, simplemente, se vendió. Eso es una vergüenza.
¿Acaso las protestas del 7 de agosto contra el Presidente no son un síntoma que debe ser analizado por ustedes, señores héroes, para impedir que la democracia se destruya, a la que ustedes tienen que defender por Constitución?
El no ser deliberantes no los amarra ni los coloca como espectadores para ver que la violan sin decir ni pío. Intervenir en política es muy diferente a interferir para evitar los abusos del gobierno que maltratan vuestra dignidad y la del pueblo. Ustedes hacen parte del pueblo, no lo olviden. Eso que quede bien claro.
Ustedes tienen la obligación de hacer respetar nuestras leyes, así sea que quien las irrespete sea el mismo presidente.
Por ello, para ustedes va esta nota, a manera de sana crítica y, a la vez, como un respetuoso reclamo que, en mi condición de ciudadano, pido a gritos desde la distancia, como igualmente pensarán y sentirán los que están allá, en mi querida patria, para que eviten que Colombia pase de una nación democrática a convertirse en otra regida por un gobierno que predica la tesis de los antivalores, representados en la tiranía, lo absurdo, lo inmoral, lo prostituido y lo corrompido.
El presidente, como estrategia, los ha desarticulado totalmente, empezando por la inteligencia y contrainteligencia, que son armas silenciosas y poderosas para orientarse tanto el soldado como el oficial a cargo, para conducir una defensa efectiva o un ataque certero. Hoy, los errores y bajas sorpresivas se deben a que están actuando más con la intuición y menos con la tecnología.
El presidente formó su propia estrategia y defensa a la talla de su ideología. La redujo, para no decir exterminó, para aplicar el modelo presidencial que se inclina más al terreno al cual perteneció, creando una enorme desventaja que pone en riesgo la vida de ustedes, queridos soldados.
Si nunca se percataron del peligro en que los puso el presidente y se sienten tranquilos y conformes, entonces la pregunta que todos se hacen es correcta: ¿de qué lado están ustedes?
Se puede estar ausente de la nación, pero jamás de la patria. Por esa razón, todos los colombianos que estamos por fuera tenemos la obligación de recurrir a todos los medios para buscar apoyo nacional e internacional para defendernos ante la impotencia que genera la incertidumbre en la equidad y la justicia, que están permeadas, en parte, por ideologías, en las que muy poco se invoca el espíritu de la ley y sí impera la arbitrariedad.
Ustedes, señores héroes de Colombia, reaccionen. Aún hay tiempo. Sabemos que, por culpa del presidente, están incumpliendo la Constitución por omisión obligada más que por acción sabida.
Están siendo humillados, degradados en el más vulgar sentido de la palabra. Y lo más triste es que, en ocasiones, han hecho las veces de carne de cañón. Los envían al matadero, al que se llega para que el arma cobarde del terrorismo vaya sobre seguro.
Quiero hacer una digresión, a manera de excepción de esta irresponsable estrategia de exponer a nuestros soldados al cadalso del terrorismo, al actual ministro de Defensa, general (r) P. A. Sánchez, que difiere muchísimo del anterior, cuya pasmosa frialdad pareció salir de un congelador, haciendo honor a la inseparabilidad del cinismo con el cumplimiento del deber. Cierro digresión.
Apreciados soldados, les pregunto: ¿ustedes nunca notaron que al señor presidente le duele más cada baja de un terrorista que la de alguno de ustedes? Si lo notaron, ¿Qué esperan de aquí para adelante? ¿Medallas y laureles o coronas en cámara ardiente?
Colombia y el mundo quieren verlos reaccionar en sana reflexión para que le hagan entender al presidente, de quien se dice funge como un dictador, que está pisando, en atropello, los linderos que violan la democracia y ponen en peligro la vida republicana.
La reputación mundial que ostentan el heroico Ejército, las Fuerzas Armadas y la Policía los obliga a que sean consecuentes con la gloria y el mérito que se han ganado, y no hacer el papel denigrante del sumiso, que se pone a disposición del cuervo del Palacio de Nariño, que no solo pretende arrebatarles el honor, sino sacarles los ojos para que no vean el abismo a donde los quiere conducir. Colombia sigue creyendo en ustedes. No olviden a la Colombia buena que está indefensa.



