El periodismo deportivo de la región Caribe y de Colombia quedó huérfano de dos voces que marcaron época, que nos enseñaron a mirar el deporte con orgullo y con amor por lo nuestro: la barranquillera Bertha Benedetti de Carbonell y el cartagenero Eugenio “Bate” Baena Calvo.
Fueron distintos en su estilo, pero idénticos en su propósito. Ambos hicieron de su oficio una cruzada por la identidad atlántica y bolivarense, defendiendo a los deportistas de la casa como si fueran parte de su propia familia.
- Berthica: la mujer que se ganó la cancha
En tiempos en que pocos creían que una mujer podía hablar de fútbol con autoridad, Berthica no solo rompió el molde: lo convirtió en estandarte. Desde Fútbol solo Fútbol, en Telecaribe, su voz retumbaba defendiendo al Junior, al Unión Magdalena, al Real Cartagena, a Jaguares… y a todos los futbolistas costeños que llevaron nuestro acento a las canchas del mundo, desde Víctor Pacheco hasta Luis Díaz.
Sus críticas eran apasionadas, pero siempre nacían del cariño. Defendía y cuestionaba con la misma entrega, como una madre que vela por sus hijos. Nos enseñó que el talento de la tierra vale, que se celebra y que se cuida con orgullo.
- El Bate Baena: la garganta que narraba con el corazón
Eugenio vivió y respiró béisbol, pero su amor por el deporte iba más allá de cualquier disciplina. Fue padre y cómplice de Cecilia “Chechy” Baena, múltiple campeona mundial de patinaje, a quien siguió por el mundo gritando con el alma: “¡Va a ganar la nena!”.
Sus narraciones no eran solo palabras: eran latidos. Como aquel “¡Virgen de la Candelaria!” que lanzó en 2005, cuando el Real Cartagena alcanzó su única final en primera división, antes de quedarse sin voz por la emoción. Fue amigo leal, compadre de campeones como Miguel “Happy” Lora, y un hombre de gestos sencillos que construyó afectos para toda la vida.
Ni los peinados impecables para la televisión ni las luces de las grandes ligas definieron a Bertha y Eugenio. Su mayor legado fue recordarnos que lo más valioso es amar lo propio, defender nuestras raíces y celebrar a quienes nos representan.
Hoy, la región Caribe despide a dos gigantes que no solo narraron la historia del deporte: la vivieron, la sintieron y la defendieron con la pasión de un gol en el último minuto o un jonrón que gana el juego.
Berthica y Eugenio se han ido, pero su voz sigue viva. Resuena en las tribunas, en las transmisiones, en cada hincha que entiende que el verdadero partido es amar lo que somos y nunca dejar de defenderlo.





