El Episcopado Colombiano y miles de fieles lamentan la partida de monseñor Nel Heyde Beltrán Santamaría, obispo emérito de Sincelejo, quien falleció a los 84 años en Bucaramanga, dejando una huella profunda de servicio, reconciliación y fe.
Nacido en San Andrés, Santander, el 24 de diciembre de 1940, monseñor Beltrán dedicó más de cinco décadas al ministerio sacerdotal y pastoral, guiando a comunidades golpeadas por la violencia con un mensaje firme: “La paz requiere mística”. Entre 1992 y 2014, como obispo de Sincelejo, fue voz y presencia en zonas del Magdalena Medio y Montes de María que vivieron el rigor del conflicto armado, acompañando a las víctimas y promoviendo el diálogo.
En 2011 recibió el Premio Nacional de Paz por su papel como mediador en escenarios de alta tensión, incluyendo los diálogos de Tlaxcala (México) entre el Gobierno colombiano y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. También impulsó iniciativas como la Fundación Red de Desarrollo y Paz de los Montes de María, convencido de que la reconciliación se construye desde el territorio y la dignidad de las personas.
Su sólida formación —filosofía, teología, sociología y un doctorado en Teología Moral— fortaleció su liderazgo, siempre acompañado de una sensibilidad social que trascendía los límites eclesiásticos. Sirvió como párroco, vicario general, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social y delegado para la movilidad humana, consolidando redes de apoyo en Colombia y en el exterior.
La Diócesis de Sincelejo lo recuerda como un “pastor ejemplar, querido y respetado por la comunidad y las Fuerzas Armadas”, en especial por su defensa incansable de las víctimas en lugares como El Salado, Chengue, Macayepos, San Onofre y Mampuján.
Monseñor Beltrán, quien en sus últimos años enfrentó con serenidad el cáncer de próstata y el Alzheimer, deja un legado que trasciende la historia reciente de la Iglesia Católica en Colombia. Su hermano Jairo lo definió como “un hombre servidor, con mucha sensibilidad social y dispuesto a entregarse totalmente por su gente”.
Hoy, la Iglesia y el país despiden a un pastor que no solo predicó la paz, sino que la sembró con paciencia y amor en cada rincón al que llegó.




