Este 30 de agosto, conmemoramos el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada. Esta jornada no se trata de un acto festivo (sería absurdo celebrar la pérdida parcial o total de un ser querido), sino de un homenaje solemne a quienes no regresaron y al legado de sus familias, al dolor que sigue vivo en quienes esperan su retorno.
Es la oportunidad para recordar el compromiso colectivo con la memoria, la verdad y la no repetición. Hoy 29 un día antes de la conmemoración oficial, el Comando del Departamento de Policía Sucre, liderado por el Coronel Aimer Fredy Alonso Triana, rinde un honroso homenaje en la plaza de armas de la institución.
En un acto solemne, se guardó un respetuoso minuto de silencio y se elevaron honores simbólicos a la memoria de quienes desaparecieron, acompañando a las familias en el dolor y reivindicando su derecho a la esperanza. Aunque no hay registro explícito del nombre del comandante en las fuentes disponibles, sí consta que la Policía local participó en ceremonias conmemorativas dedicadas a diversas víctimas, lo que refuerza la solemnidad de la fecha.

La conmemoración en Sucre es reflejo de un sentir nacional: una manifestación de respeto y un llamado silencioso a la justicia. Esta práctica se suma a otras iniciativas en el país, como jornadas de “atención integral a víctimas de desaparición forzada” organizadas por entidades gubernamentales y de la sociedad civil entre el 28 y 29 de agosto, y actos simbólicos donde “cada nombre importa”, generando espacios de dignidad y memoria colectiva.
Es fundamental recordar algunos datos que permiten entender el contexto de esta tragedia humanitaria. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, entre 1958 y 2016 se registraron en Colombia 121.768 desapariciones forzadas en el marco del conflicto armado interno. Los principales responsables fueron grupos paramilitares (52 %), las FARC-EP (24 %), múltiples actores (9 %) y agentes estatales (8 %). Otras fuentes estiman entre 90.000 y 120.000 víctimas si se consideran todos los casos, incluidos los no registrados.
Los efectos de la desaparición forzada trascienden a la víctima: generan terror, sufrimiento prolongado, paralizan comunidades y re victimizan a familiares por generaciones.
La ONU ha alertado sobre más de 20.000 cuerpos sin identificar almacenados en un hangar del aeropuerto de Bogotá, reflejo del grado de impunidad y de las deficiencias institucionales para atender esta problemática (información que no parece creíble, pero en Colombia ya no se sabe que es realidad o mentira en un conflicto tan atípico, toca esperar… y esperar)
Este homenaje adquiere un halo de preludio entrañable: es un gesto local que honra la memoria de los desaparecidos y acompaña a quienes esperan, nuestro departamento tristemente también tiene una cifra de desaparecidos y un igual número de dolientes que esperan una noticia de su ser querido.
«Honrar la memoria de quienes no volvieron es encender una luz de esperanza para quienes aún los esperan.»
Con estas palabras, recordamos que la memoria no se olvida: ilumina el camino hacia la verdad, la justicia y la reparación que, aunque lo veamos con escepticismo o como una utopía es nuestro mayor deseo.
Elevamos una plegaria al creador por las almas de quienes ya no están, y por todas aquellas familias que aún esperan. Al Coronel Alonso Triana, Gracias, por no dejar que este día pasase desapercibido.





