La ciudad amurallada atraviesa una crisis de violencia sin precedentes. Agosto cerró con 44 homicidios, consolidándose como el mes más sangriento del 2025. La cifra estremece: seis personas fueron asesinadas en menos de 16 horas el sábado 30 de agosto, en lo que ya se considera la jornada más violenta del año.
Ese día, la tragedia se cebó con Karen Paola Mejía Montes, una estilista de 36 años, asesinada mientras dormía en su vivienda ubicada en el barrio Fredonia, junto a Deiner David Ávila Taborda, de 21 años. Un sicario irrumpió en su habitación y disparó a quemarropa.
Ella y Luz Karina Crespo Leal, víctima de feminicidio el 3 de agosto en el barrio El Prado, son las dos mujeres incluidas en la larga lista de muertos que dejó el mes más violento de los últimos años.
De los 44 crímenes de agosto, 33 fueron perpetrados bajo la modalidad de sicariato. El resto corresponde a cinco muertes en riñas, un feminicidio, un supuesto atraco y cuatro casos aún sin esclarecer.
Los nombres de las víctimas trazan un mapa de sangre en todos los rincones de la ciudad: Jhonny Amariles, amante de las artes marciales, ejecutado en Olaya Herrera; Eduardo Guardo Lanz, muerto en una riña; y Adalberto “Micky” Vega, seguidor de la champeta y los picós, asesinado en Chambacú. Incluso un menor de edad cayó abatido en un atraco en la Avenida del Lago, y un pescador fue hallado con signos de tortura en la bahía de Cartagena, cerca de Barú.
Con los 44 asesinatos de agosto, la ciudad ya suma 249 homicidios en lo que va del 2025. La mayoría, 187 casos, son sicariatos, lo que refleja el dominio absoluto del crimen organizado y las disputas territoriales en los barrios populares.
Las cifras revelan una escalada alarmante: junio ya había marcado un pico con 37 homicidios, pero agosto pulverizó todos los registros recientes. En agosto de 2024 fueron 50 asesinatos; en 2023, 30; y en 2022, 38.
En barrios como Olaya Herrera, Nelson Mandela, El Pozón y Blas de Lezo se repite la escena: sicarios en moto, disparos en plena calle, cuerpos tendidos sobre el asfalto y familias enteras sumidas en la desesperación, el llanto y el dolor.
Cartagena, la ciudad que el mundo admira por sus murallas y playas, se encuentra hoy bajo el asedio del crimen. La ciudadanía exige respuestas inmediatas, mientras las autoridades parecen incapaces de contener una violencia que desborda todos los límites.



