Por: Carmelo Fernán Ojeda Torregroza
Un día crucial para la defensa de la democracia colombiana. El Senado de la República, con 62 votos a favor de Carlos Camargo Assis y 41 a favor de María Patricia Balanta, evitó que el presidente Petro se apropiara de la mayoría de la Corte Constitucional. Tenía fríamente calculado que su candidata, la Dra. Balanta, sería la elegida como nueva magistrada y, de paso, adquirir el control definitivo de la institución protectora de la Constitución y garante de la supremacía de la Ley. Pero fue derrotado severamente, muy a pesar de haber repartido y feriado ministerios y contratos, y de haber untado mermelada.
En toda la población se alertó sobre el gran riesgo que la elección de la Dra. Balanta representaba. Se sabía que sería la pieza clave para todas las maniobras de Petro en busca de la reelección presidencial, o para alargar su período más allá del 7 de agosto de 2026, aplazar las elecciones del próximo año, incluso la no realización de las mismas, o hasta montar una Asamblea Nacional Constituyente, una Asamblea Popular o Consultas Populares. En fin, quién sabe qué más arbitrariedades se le ocurrirían.
La reacción nacional y las alertas, repito, en torno a semejante riesgo, despertaron en el Senado, como debía ser, una responsabilidad política en beneficio del país y de nuestras instituciones democráticas. Fue acertada y plausible la actitud y el orden que impartió en la sesión de elección el presidente del Senado, Dr. Lidio García Turbay, al no permitir el ingreso de ministros con chequeras ni de otras personalidades que hubieran direccionado la votación.
Tras el fracaso rotundo y la derrota contundente de sus estrategias malintencionadas para controlar la C.C. y legalizar todos esos decretos ilegales e inconstitucionales, Petro estalló en furia. Sus reacciones y venganzas no se hicieron esperar: inmediatamente solicitó la renuncia a tres ministros y otros funcionarios, y desde Japón no vaciló en trinar en su cuenta de X despotricando del ex-defensor del Pueblo y nuevo magistrado de la Corte Constitucional.
Lo ocurrido es magnífico, diría yo— presagio de que la Reforma Tributaria y el Proyecto de Ley de Presupuesto correrán la misma suerte. No hay ambiente político para tan irracional e insensato despropósito. Ningún senador de la oposición y quizá algunos del Pacto Histórico se le miden, en esta época preelectoral y en este momento político, a aprobar y generar ese atiborre de impuestos que, por supuesto, encarecerían la canasta familiar y elevarían la situación inflacionaria colombiana. Máxime si se presume que el destino de los $26 billones que se pretenden recaudar iría a parar quizá a las campañas políticas de la izquierda, que por cierto está fracturada y sin posibilidades de continuar en el poder por el pésimo desempeño y los nulos logros del Gobierno del Cambio.
No la tiene fácil Petro en estos 335 días restantes, puesto que también hay que considerar seriamente el panorama geopolítico adverso para la izquierda, con el inocultable e inminente viraje hacia la derecha: el próximo golpe y segura salida de Maduro en Venezuela, el triunfo de Rodrigo Paz Pereira y Tuto Quiroga —derechistas que se enfrentarán en la segunda vuelta en Bolivia—, y el acelerado posicionamiento en los primeros lugares de las encuestas del candidato derechista Abelardo De la Espriella y su movimiento Defensores de la Patria. Todo lo cual marca, ahora sí, el fin de Petro. A ello se suman las circunstancias políticas de EE.UU., El Salvador, Argentina y la muy posible elección de un derechista en la primera magistratura de Chile.
Se avizoran vientos de renovación, de grandes cambios y —por qué no decirlo— de limpieza y de restauración del estatus en la Casa de Nariño. Le falló el cálculo y la estrategia a Petro. Después de la derrota de hoy en el Senado, se respira un ambiente de tranquilidad sobre las futuras actuaciones de la Corte Constitucional. Las alocuciones presidenciales cada día resultan más fastidiosas y carecen de sintonía. Sus soliloquios se tornan cada vez más en un galimatías de cifras desacertadas y espurias. Y con el entusiasmo que hay en todo el territorio por el partido eliminatorio de Colombia vs. Bolivia, renace la esperanza de que pronto será real y tendremos seguro lo que anhelamos la mayoría de los colombianos: un ¡¡¡FUERA PETRO!!!



