En varias de mis Puntas de Lanza he insistido y considerado una falta de madurez política y una carencia de sentido patriótico —de ciego y apasionado, de arrogante egoísmo, vanidoso e irresponsable por demás— el desconocer que Abelardo De la Espriella les aventaja a todos sus compañeros de contienda de manera notoria.
Señores de la oposición, me refiero a todos aquellos que han querido estar por fuera de “Firmes por la Patria”, que en su momento tenían todo el derecho. Hoy el panorama político exige otra respuesta y otra actitud, y desconocerlo se calificaría como un gesto irresponsable y vanidoso, sabiendo que, aun si ustedes se unen entre sí, sumando los porcentajes que cada uno tiene en particular, Abelardo los supera por distancias abismales.
Entonces, la pregunta que cualquier buen patriota se haría es: ¿A qué está jugando la supuesta oposición contra Petro e Iván Cepeda? ¿Al teto? Si continúan así, Cepeda se los tira sin esfuerzo. El diablo sabe más por diablo que por sabio.
El candidato Iván Cepeda, ante este escenario caprichoso, divisionista e irresponsable —repito—, se ve altamente favorecido, pues le resulta funcional a la izquierda comunista: acumula votos gracias a la polarización que provoca, lo cual desorienta al indeciso, que termina alineándose con el progresismo, el cual se muestra más coherente, al menos, en la organización de sus estrategias.
El pueblo se hartó de cifras y, en cambio, tiene hambre de palabras sensibles que le toquen el corazón y el estómago, y que le estimulen las esperanzas. Para eso no hay nada mejor que el perverso método de la división de clases, enfrentando al pobre contra el rico. Ese es el discurso que le cala al ignorante, y ese es el discurso de Iván Cepeda.
¿Cómo se les ocurre a los opositores dictar en foros populares clases magistrales de economía y manejo de la hacienda pública? ¿O hablarles de historia comparativa, nacional y universal, para justificar lo que vive el país?
Estamos en una batalla que, hasta ahora, no es de balas, sino de habilidades y destrezas: unos defendiendo una ideología perversa y otros defendiendo la democracia.
Petro, a través de Cepeda, está obligado a defender el narcoestado y un gobierno que ha hecho todo lo inimaginable, por lo cual está incurso en penalidades de alto calibre, que deben sostener a como dé lugar, porque si pierden las elecciones, unos terminan extraditados y otros en cárceles locales. Por ello, como estamos ante un gobierno corrupto y podrido en todo sentido, se busca quebrar el Estado económicamente para emplear ese dinero en la compra de votos.
Señores de la oposición, en la mente del petrismo la consigna es clara: TENEMOS QUE GANAR SÍ O SÍ. Traducido al sentido común: a las buenas o a las malas. De ese tamaño es el dragón al que nos toca enfrentar a la Colombia buena. Por ser mayoría, deberíamos ganar. Pero ¿Cuántos se dejan comprar? Ahí está el punto débil, el punto de quiebre que nos acerca al peligro.
Como les dije en uno de mis artículos, la izquierda no elige calidad, busca practicidad. De tal manera que el más brillante de los estúpidos, ignorantes y perversos, si tiene capacidad de convocatoria, es al que siguen y eligen, porque lo primero que buscan es asegurar el poder. El desastre, el disfrute, la feria del reparto y la impunidad vienen por añadidura, y es a eso a lo que le apuestan… y lo logran. Además, para librarse del carcelazo.
Con todo respeto les digo que, si no se unen al doctor Abelardo, están orinando fuera del tiesto y terminarán agachados, a la espera del teto, del que Petro, Iván y los progresistas son expertos.



