Desde 724 | NOTICIAS enviamos nuestras más sinceras felicitaciones a todos los hombres y mujeres que ejercen esta profesión hermosa, exigente y, muchas veces, ingrata. Más que un oficio, el periodismo es el arte —y la responsabilidad— de comunicar con sentido público.
Hoy no se celebra solo una fecha en el calendario. Hoy se honra un ejercicio que, pese a las presiones, los miedos y las mordazas disfrazadas de corrección ideológica, insiste en hacer lo que le corresponde: preguntar, contrastar, narrar y poner la verdad —o al menos su búsqueda honesta— frente a la sociedad. El Día del Periodista no es una efeméride menor; es un recordatorio incómodo para el poder y una reivindicación necesaria para quienes entienden la comunicación como un servicio esencial para la democracia.
Ser periodista hoy es mucho más que informar. Es resistir. Resistir a la desinformación masiva, a los algoritmos que premian el ruido por encima del rigor, a los vetos silenciosos, a las listas negras no escritas y a las etiquetas ideológicas que buscan reducir la labor periodística a militancia o enemistad automática. En tiempos de polarización extrema, el periodista camina por una cuerda floja: si pregunta, incomoda; si investiga, molesta; si denuncia, se convierte en objetivo.
La libertad de expresión —pilar irrenunciable de toda democracia— no se pierde de un día para otro. Se erosiona. Se debilita cuando se normaliza el señalamiento desde el poder, cuando se desacredita al mensajero para evadir el mensaje, cuando se asfixia económicamente a los medios críticos o cuando se intenta imponer una “verdad oficial” como único relato aceptable. Hoy, más que nunca, el periodismo está llamado a no confundir prudencia con silencio ni equilibrio con complacencia.
El comunicador y el periodista —que no siempre son lo mismo, pero se encuentran en el compromiso ético— cargan una responsabilidad enorme: informar con veracidad, contextualizar los hechos, evitar la ligereza y resistirse a la tentación del aplauso fácil. No se trata de agradar, sino de servir. No se trata de likes, sino de impacto social. No se trata de trincheras, sino de puentes. En ese camino, el rigor es la mejor defensa y la ética, el único escudo duradero.
Sería injusto romantizar el oficio sin reconocer sus heridas. Muchos periodistas trabajan en condiciones precarias, sin garantías laborales, expuestos a amenazas, demandas intimidatorias o campañas de desprestigio. Otros enfrentan vetos ideológicos que los excluyen por no alinearse con la narrativa dominante del momento. La censura ya no siempre llega con tijeras; llega con contratos que no se renuevan, entrevistas que se cancelan, acreditaciones que se niegan y accesos que se cierran.
Aun así, el periodismo persiste. Persiste en la crónica que le pone nombre a las víctimas, en la investigación que revela lo que se quiso ocultar, en la columna que interpela, en la reportería de calle que escucha a quienes nunca son escuchados. Persiste porque está anclado a una convicción profunda: la sociedad tiene derecho a saber.
Celebrar el Día del Periodista es, en esencia, un acto de defensa democrática. Es reconocer que sin prensa libre no hay control del poder, no hay deliberación informada ni ciudadanía plena. Es recordar que el periodista no es enemigo del Estado ni vocero de intereses oscuros por definición; es, o debería ser, un intermediario incómodo entre los hechos y la opinión pública.
Hoy vale la pena recordar a quienes comprendieron la dimensión de este oficio:
- “El periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás es relaciones públicas.” George Orwell
- “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala.”
Albert Camus - “El deber del periodista es contar lo que pasa, no lo que el poder quiere que pase.” Ryszard Kapuściński
- “Cuando la prensa es libre y todo hombre puede leer, todo está a salvo.” Thomas Jefferson
No son frases decorativas; son advertencias vigentes. Nos recuerdan que la libertad de expresión no se mendiga: se ejerce. Y que el periodismo no existe para agradar al poder, sino para vigilarlo.
En este Día del Periodista, el llamado es doble. A la sociedad: defender a sus periodistas, incluso —y sobre todo— cuando incomodan. Y a los periodistas: honrar el oficio con independencia, responsabilidad y valentía, sin fanatismos ni silencios cómplices. Porque cuando el periodismo calla por miedo o conveniencia, la democracia habla en susurros.
Hoy celebramos a quienes, pese a todo, siguen preguntando. Y mientras exista una pregunta incómoda, una libreta abierta o un micrófono encendido con dignidad, el periodismo seguirá vivo. Y con él, la esperanza de una sociedad mejor informada y, por tanto, más libre.



