El pasado febrero, el programa Cartagena Cómo Vamos presentó un balance claro y sin adornos: la gestión del alcalde Dumek Turbay durante 2025 no convenció a los cartageneros. Apenas un 35% consideraba que la ciudad iba por buen camino. Un mensaje directo: la percepción ciudadana era negativa.
Pero apenas tres meses después, como sacado de un truco de prestidigitación, aparece otra medición —atribuida al Centro Nacional de Consultoría— que pinta una realidad completamente distinta: el optimismo se dispara al 75.6% y la favorabilidad del alcalde sube al 83.3%.
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¿En serio? ¿Cartagena cambió tanto en solo 90 días… o cambiaron los números? Lo más grave no es solo la diferencia abismal entre ambas encuestas. Es la opacidad. No hay ficha técnica clara, No se conoce de donde salió el dinero para paga esa encuesta. No hay publicación oficial verificable y aun así, los resultados fueron amplificados de forma masiva por ciertos sectores mediáticos, como si se tratara de una verdad revelada.
Según “Cartagena Cómo Vamos”, los ciudadanos en 2025 estaban inconformes con:
- La ejecución de obras públicas
- El manejo de los recursos
- La calidad de los servicios de salud y educación
Pero en la nueva encuesta, todo mejora milagrosamente. Los cartageneros ahora estarían satisfechos con lo mismo que hace tres meses criticaban. No es una variación. Es una contradicción frontal.
Hay un dato que ni la narrativa más optimista logró ocultar: la inseguridad. Aunque la cifra bajó del 78% al 66,3%, sigue siendo alarmantemente alta, se mantiene como la principal preocupación ciudadana y evidencia una deuda estructural de la administración de Dumek Turbay.
El contraste es aún más contundente si se recuerda que, en campaña, se presentó el denominado “Plan Titán 24” como una estrategia contundente para enfrentar la delincuencia de manera implacable. Sin embargo, a la luz de los resultados actuales, ese compromiso no solo quedó lejos de cumplirse, sino que hoy se percibe como una apuesta fallida en la que se han invertido miles de millones de pesos sin lograr el impacto prometido. Un tema especialmente sensible, considerando que fue una de las banderas de campaña de Turbay.
¿Percepción o manipulación?
Aquí no se trata de defender una encuesta sobre otra, se trata de exigir transparencia. Cuando los datos cambian de forma tan radical en tan poco tiempo, sin soporte técnico claro, lo que está en juego no es la imagen de un alcalde… es la credibilidad del debate público.
Porque si las encuestas se convierten en herramientas de propaganda, dejan de medir la realidad y empiezan a fabricarla y en política, fabricar realidades suele ser más peligroso que enfrentarlas.



