En solo ocho días, más de 200 denuncias por presunto acoso sexual y laboral han salido a la luz bajo el movimiento #YoTeCreoColega, dejando al descubierto lo que muchas periodistas ya sabían —pero pocos se atrevían a decir en voz alta—: que dentro de los medios de comunicación operaba una cultura de abuso normalizada, protegida y repetida.
Las denuncias no son vagas. No son ambiguas. Son relatos con nombres, lugares, fechas y coincidencias inquietantes. Mujeres —en su mayoría jóvenes, practicantes o recién graduadas— describen el mismo libreto: jefes que ofrecían “oportunidades” a cambio de favores; comentarios sexualizados disfrazados de “confianza”; contactos físicos no consentidos en espacios cerrados; amenazas silenciosas: aceptar… o quedar por fuera. Lo más grave no es un caso. Lo más grave es la repetición. Década tras década. Persona tras persona. Medio tras medio.
Todo estalló tras un comunicado de Caracol Televisión el 20 de marzo, en el que se reconocían denuncias por presunto acoso contra los presentadores Ricardo Orrego y Jorge Alfredo Vargas. Lo que parecía un caso corporativo más se convirtió en un efecto dominó.
En cuestión de horas, la periodista Catalina Botero empezó a recibir testimonios: decenas, luego cientos. Historias que no solo señalaban a individuos, sino a un sistema. El movimiento creció como pólvora cuando otras periodistas amplificaron el mensaje y crearon canales seguros para denunciar.
El resultado: más de 200 relatos en días, décadas de hechos acumulados y un mismo patrón que se repite. Ya no es un escándalo. Es una radiografía del poder en los medios. La presión fue tan grande que la Fiscalía General de la Nación tuvo que intervenir, abriendo un canal oficial e iniciando investigaciones preliminares. Mientras tanto: salidas laborales, comunicados defensivos e investigaciones internas. Pero hay algo que no se puede controlar: la conversación pública.
Este no es solo un caso de acoso, es una crisis estructural que pone en jaque la credibilidad de los medios, las jerarquías de poder en las redacciones y la protección real a periodistas. Porque la pregunta ya no es “qué pasó”, sino: ¿por qué pasó durante tanto tiempo sin consecuencias?
Las mujeres detrás de #YoTeCreoColega lo dicen sin rodeos: esto no es un ajuste de cuentas, es una exposición histórica. Durante años, muchas callaron por miedo: a perder oportunidades, a ser señaladas, a quedar fuera del sistema. Hoy, ese miedo cambió de lado.
Aunque las investigaciones apenas comienzan, hay algo que ya ocurrió: el periodismo colombiano quedó expuesto, y esta vez no por lo que publica… sino por lo que ocultó.



